LOS FRANCISCANOS

Franciscanos

Comprenden tres órdenes: la primera orden (fundada en 1209) u Ordo Fratrum Minorum, formada por los franciscanos propiamente dichos (O. F. M.), los conventuales (O. F. M. Conv.) y los capuchinos (O. F. M. Cap.); la segunda orden (fundada en 1212 por I Santa Clara) formada por las clarisas y concepcionistas; y la tercera orden (fundada en 1221), terciarios franciscanos (seglares de ambos sexos), los religiosos terciarios regulares y las religiosas terciarias de varias congregaciones. A principios del siglo XIII, entre 1213 y 1215, entra en Hispania San Francisco de Asís con la intención de pasar al África, viaje del que desistió para acabar como peregrino de Compostela. La tradición dice que a su paso por Pamplona pacifica las luchas de barrios (ver SAN FRANCISCO DE ASIS). Con las primeras fundaciones conventuales se divide la orden en provincias. La provincia de Aragón abarcaba ese reino y el de Navarra. Cada provincia se subdividía en demarcaciones denominadas custodias y conventos. Se sabe que a fines del siglo XIV la prov. de Aragón, en la que se hallaba incluida Navarra, contaba con siete custodias y 37 conventos, y la de Castilla, 8 custodias y 44 conventos. Los franciscanos se distinguen pronto como confesores de reyes y doctores en Teología, así como en la fundación de asilos, hospitales, escuelas, predicación, misiones, etc. El descubrimiento de América provocó un despertar misionero en la evangelización de los indios. Otras misiones se fueron estableciendo por Japón, China y Filipinas. El dogma de la Inmaculada contó con firmes defensores entre los que se destaca Tomás Francés de Urrutigoiti n. en Zaragoza pero de origen materno vasco. Algunos franciscanos destacados son Diego de Estella, Angeles Sorazu, místicos; Juan de Rada que terció en la famosa controversia de auxiliis. En la jerarquía eclesiástica destaca Gregorio María Aguirre, cardenal y primado de España.

LOS FRANCISCANOS

Vicisitudes históricas

En el siglo XIII, con motivo de la visita de San Francisco de Asís a Euskalerria a su paso para Compostela, se fueron fundando conventos franciscanos en Vitoria (1214), Pamplona (1230), Bayona (1242), Tudela (1275?), Olite (1243 ó 1345), y en el siglo siguiente Bermeo (1357) y Miranda de Ebro (1397). Del siglo XV son por lo menos los de Izaro Forua (1427), Bilbao (1446 ó 1475), Orduña (1471), Labastida (1447), Viana (1440), Azpeitia (1497) y Piedrola de Campezu (1473).-El siglo XVI fue fecundo. Se fundaron el de Aránzazu (1514), el de Sasiola de Deva (1504), el de Elgoibar (1516), el de Mondragón (1582) y el de Tolosa (1587). En el siglo XVII continúa el aumento de conventos con el de San Sebastián (1606), Zarauz (1610), Vitoria (1635), y La Puebla de Arganzón (1670). Esto sin contar los de religiosas que solamente en Guipúzcoa se fundaban diez en el solo siglo XVI: Santa Ana y Vidaurreta, en Oñate (1509), Mondragón (1511), Segura (1519), Elgoibar (1533), Azcoitia (1589), y en el siglo XVII los de la Santísima Trinidad de Vergara (1600), Zarauz (1611), Santa Clara de Tolosa (1612), Isasi de Eibar (1618). Este auge desmedido alarmó a las Juntas Generales de Motrico que reunidas el año 1612 se vieron obligadas a restringir las fundaciones a los instituidos con toda clase de licencias y permisos. Reunidas de nuevo en 1699 volvieron a exponer al rey la inconveniencia de tal aumento por las dificultades de sostenimiento de los mismos. Una real provisión del 28 de febrero de 1708 disponía que no se pudiesen fundar sin licencia real y de la provincia. Estas casas de retiro, oración y enseñanza de frailes fueron suprimidas por la ley española de 1836 pero la disolución no se llevó a efecto por el estado de guerra civil. Solamente en Navarra afecta la ley a los conventos de Pamplona, Tudela, Viana, Estella, Sangüesa, Tafalla, Rocaforte y Arizcun. Hecha la paz en 1839 el gobierno español toleró la existencia de estos conventos si bien sus bienes se declararon de propiedad nacional española. A pesar de todo ello continuaron las monjas en posesión de sus propiedades hasta que en 1851 se celebró un Concordato entre la Reina de España y el Papa. Según uno de sus artículos deben conservarse las casas de religiosas que a la vida contemplativa reúnan educación y enseñanza de niñas u obras de caridad.

Arantzazu

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Beltri

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LOS FRANCISCANOS

Aránzazu

La presencia de los franciscanos en el convento y santuario de Ntra. Sra. de Aránzazu tuvo antecedentes a su instalación definitiva en 1514. Efectivamente; los primeros frailes son los mercedarios llegados de Burceña (Vizc.) llevados por Fr. Pedro de Arriarán o de Oñate que servía como superior. Llegaron en 1493 y fundaron la primera comunidad de religiosos varones de Guipúzcoa. La fundación no tuvo éxito. Los mercedarios regresaron a sus conventos de origen, los de Burceña y Colindres, salvo Fray Juan que se negó a abandonar el santuario constituyéndose así en el fundador superior de una casa de "tercerones" franciscanos como los llama Garibay. Estos franciscanos, poco más tarde, se hacen dominicos y de ahí el pleito que se origina con la Orden franciscana que reclama su derecho a la casa. Por sentencia de la Rota Romana se falla en favor de los franciscanos el año 1514 dando lugar a la toma de posesión definitiva de los mismos a partir de esa fecha. Desde ese momento se incrementa la devoción a Ntra. Sra. de Aránzazu de tal modo que ha llegado a ser uno de los santuarios más célebres de Euskalerria. La Cofradía del mismo nombre construye camino desde Oñate y San Ignacio visita el santuario en peregrinación de penitencia el año 1522. Otra muestra de devoción la constituye el legado que el 2 de enero de 1524 le hizo el leniztarra Juan López Alzarte y Garay. A principios del siglo XVIII había más de 61 religiosos. En 1933 tenía 20 padres, 17 coristas, 26 legos y donados y 68 alumnos del Colegio Seráfico.

martes, 5 de febrero de 2013


Euskonews
Jorge Oteiza / Artista

He sabido vivir (Entrevista publicada en el número 1 de Euskonews)
Jorge Oteiza Enbil nació en Orio (Gipuzkoa) en 1908. Desde su infancia sintió especial atracción por la arquitectura, si bien fueron las artes plásticas las que acabarían por forjar su personalidad. En 1933 consiguió su primer premio, en Gipuzkoa, y dió comienzo su periplo de exposiciones, tanto en el País Vasco como en Suramérica. En 1950 ganó el concurso que le permitía llevar a cabo el conjunto estatuario de la Basílica de Aránzazu. En 1957 consiguió el Primer Premio de la Bienal de Sao Paulo, en escultura. Es uno de los emprendedores más destacados en favor de la Escuela Vasca de Arte. Fue miembro promotor de los grupos de artistas vascos GAUR, EMEN y ORAIN. En 1963 publicó su “Quosque Tandem... Ensayo para la interpretación del alma vasca” y en 1983 “Ejercicios espirituales en un túnel”. En 1985 el Ministerio de Cultura español le concedió la Medalla de Bellas Artes y en 1988 fue premiado con el Premio Príncipe de Asturias, en el apartado de arte. Jorge Oteiza es uno de los artistas plásticos vascos más apreciados en el mundo.

Merecedor en 1996 del Premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza, dos años más tarde, a finales del pasado mes de julio nos acercamos hasta Jorge Oteiza, en su casa de Zarautz, para poner en sus manos el reportaje gráfico confeccionado el día de la entrega del mencionado galardón. Nos recibió con la misma amabilidad que siempre ha demostrado con la Sociedad de Estudios Vascos, en una mañana calurosa, dos días después de haber sido distinguido con el título Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

He querido transcribir una parte de la conversación informal que mantuvimos en su despacho de trabajo; tertulia que giró alrededor de temas ludico-epicúreos. La primera reacción de Oteiza ante el material fotográfico que le entregó “Kote” Ormazabal fue un recuerdo para con la persona que dió nombre al galardón.
El Premio Manuel Lekuona es uno de los más entrañables que he recibido. Estimaba profundamente a Don Manuel —nos confiesa Oteiza— Nuestra relación fue entrañable... El color sonrosado de su piel denotaba una manera de ser pacífica, siempre abierto a la comunicación... De vez en cuando sabía ser provocador...
Analizando el material gráfico que le entregamos, se da cuenta de que en la mesa presidencial del acto de homenaje no coincidían algunos de los carteles identificativos de los allí presentes. Así, delante de Sainz de Oiza aparecía el cartel con el nombre de Gregorio Monreal y viceversa.
Está muy bien así, ya que de vez en cuando hay que cambiar el órden de las cosas; si no, la vida sería muy monótona. Mirad este retrato —señalando uno en el que aparece él— Mi cara es sinónimo de paz y hermandad... justo lo contrario de lo que normalmente se me achaca. En esta foto, por tanto, se puede apreciar la cara oculta de Oteiza!
Habiendo superado el momento crítico del mediodía, y como si nuestras mentes y estómagos hubieran adivinado la aproximación de la hora de almorzar, la conversación toma tintes gastronómicos netos. Por si ello fuera poco, se nos une a la tertulia Joseba, propietario del restaurante “Zubi Ondo”, quien ha traído para Jorge una docena de ostras. A Oteiza se le iluminan los ojos ante el regalo. Joseba y Jorge comparten gustos y una pequeña biblioteca sita en el mismo restaurante, con libros sobre el artista y unas cuantas pequeñas esculturas estilizadas.
Están atornilladas. ¡Por si acaso!... Las ostras y en general el marisco me han gustado siempre. Ya sabeis... ¡Uno es de Orio! Me las traen de Holanda, y son de la máxima garantía... A mi edad hay que cuidar bien el estado de los alimentos. Fuí campeón de comer ostras en Chile y en Río de Janeiro. Y para acompañar a las ostras nada mejor que txakolí de Getaria. Getari, ezkutari!
En ese momento interviene Juan Garmendia Larrañaga, amigo desde hace muchos años de Jorge, subrayándole al artista su afición a la buena mesa... pero también al deporte. Y surgen una serie de anécdotas vividas conjuntamente en Alzuza y alrededores, a donde se desplazaban en el viejo 2CV de Oteiza.
Juan —le sale a Jorge del alma— ¡Tú si que eres más que buena persona! ¡Y además te conservas muy bien! ¿Cómo lo haces? Yo, en cambio, aquí me teneis, sin dientes... ya que todo lo artificial que hasta el ombligo había en mi cuerpo lo he echado a la basura. Lo que haya del ombligo para abajo... ya caerá por sí solo... aunque no tengo ninguna prisa por perderlo. Estoy delicado de salud; pero, ¿cómo no voy a estarlo si, a mi edad, me fumo tres puros todos los días? Ciertamente, ¡he sabido vivir!
Y a continuación busca en las estanterías de su despacho, hasta dar con una caja medio escondida. En ella guarda sus pipas de fumar, modelos inventados y patentados por él en Londres y Buenos Aires. Pipas que dejan boquiabierto a cualquier especialista, al haber sido concebidas justamente de forma contraria a las habituales.
Por lo que dice de Vd. Juan, también ha sido deportista...—le recordé—.
Admiré profundamente al boxeador Uzkudun, y muestra de ellos es la cabeza que esculpí en piedra. En cierta ocasión hice una apuesta, en la que retaba a cualquier boxeador de mundo, siempre que el ring fuera redondo. Para nosotros los vascos, la forma redonda es sagrada. Recuerda el cromlech. Además del boxeo, me gustan las regatas de traineras. He realizado diseños especiales de traineras.

Una vez que ha concluido el repaso de la fotografías, lee el dossier de prensa que le hemos entregado, relacionado también con el acto de entrega del Premio Manuel Lekuona. Una de las noticias decía que Eusko Ikaskuntza había premiado el esfuerzo humanístico de Oteiza. No parece que Jorge esté muy de acuerdo con ello...
Yo no sé que es esfuerzo... ya que toda mi vida ha sido un continuo trabajo. El esfuerzo me conquistó desde un principio y, por tanto, nunca surgió en mí conciencia de esforzado.
Con una taza de café en la mano y el cigarro puro en la boca, Jorge Oteiza ríe a gusto con las anécdotas que va desgranando Juan Garmendia Larrañaga. Ambos han tenido amigos en común, y así surgen comentarios sobre Don José Miguel Barandiarán, Julio Caro Baroja y otros.
Quien me impactó de forma especial, habiéndole visto una sola vez, fué Pío Baroja —nos dice Oteiza— Estaba él muy enfermo y su casa de Madrid era un auténtico archipiélago de visitas, siempre llena de gente. Yo no tenía intención de visitarle pero un amigo recién llegado de Chile me pidió que le acompañara. Allá fuimos y cuando nos acercamo al lecho de Don Pío, alguien que allí estaba le preguntó acerca de las esculturas de Aránzazu. ¡Las burradas que sobre mi obra dijo Baroja! Y, claro, me dejó aplanado. Pero, una vez que salimos de aquella casa me pregunté: ¿Por qué tiene que saber Baroja de escultura? Y me quedé mucho más tranquilo...
Permanecimos en agradable conversación durante hora y media. Justo hasta que su médico Alberto Guisasola hizo acto de presencia para someter a nuestro anfitrión a su sesión diaria de masaje. Nos retratamos por última vez y brindamos juntos por que Jorge Oteiza pueda seguir desarrollando su obra con tranquilidad.