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Oteiza y Chillida: La escultura vasca entre el proyecto
moderno y la impronta del pasado
Mª Soledad Alvarez Martínez
En el contexto de la plástica vasca, Oteiza y Chillida vienen
acaparando una atención polarizada que intenta explicar sus trayectorias creativas
de resultados y proyección divergentes a partir de bases socioculturales
comunes.
"Mujer sentada". Bronce. 1949. J. Oteiza.
Numerosos trabajos se han encargado hasta el momento de
analizar su producción y la incidencia de ésta en el conjunto de la plastica
moderna vasca (1) . En principio, se parte del hecho de un enraizamiento común
en un medio sociocultural concreto que incide en la producción artística en él
desarrollada.
Ahora bien, conviene analizar la naturaleza del determinismo
impuesto por el medio, que se puede seguir con carácter superficial y
anecdótico en representaciones costumbristas y paisajistas, que nada tienen que
ver con lo aquí abordado, o a través de resortes que impulsan desde la
"diferencia" la conexión con soluciones universales, como puede ser
el caso de Chillida.
Así, a partir de la elección de unos materiales y técnicas
vinculados a la tradición artesanal, y de unas formas connotativas de lo vasco,
Chillida configura un lenguaje que coincide en su sobriedad, potencia y
reciedumbre con el de otros escultores de su tierra que, como él, afirman las
bases de su léxico plástico en la cultura diferenciada del medio en que viven
(2) .
"Rumor de límites VI". Acero. 1960. E.
En efecto, la construcción de lo moderno con "la memoria
de lo antiguo", según frase de Manterola (3) , resume un posicionamiento
artístico bastante generalizado en el ámbito vasco, del que participa Chillida
y al que se sustrae la actitud creativa de Oteiza. En efecto, Oteiza, al
contrario que Chillida, no gesta su lenguaje a partir de los recursos
proporcionados por el legado cultural del pasado, sino a partir de un
"proyecto moderno", el único en Euskadi capaz de equipararse a los
desarrollados por el Movimiento Moderno.
Ahora bien, el origen de la escultura de Oteiza a partir de
un "proyecto moderno" no implica la desconexión del contexto en que
se gesta la obra. Su producción no se reviste de connotaciones vascas ni en el
léxico formal ni en su carga semántica; persigue soluciones estéticas con
capacidad de proyección en la sociedad, ofrece un modelo de escultura que
contrapone la búsqueda de valores espirituales a las tendencias materialistas
imperantes, es decir, entiende la experiencia artística como método o camino de
salvación a través del cual el hombre logra adquirir una conciencia espiritual
que hace ya innecesaria la labor del artista.
socupación espacial de la esfera". (1ª versión). Hierro.
1958. J. Oteiza.
(Imagen 04) "Modulación de espacio II". Hierro.
1963. E. Chillida.
Esta valoración metaestética del arte ha dado origen a varias
obras teóricas del escultor (4) y condiciona su actitud cuando de forma
consecuente con su planteamiento rechaza ofertas internacionales de difusión y
mercado y abandona la práctica de la escultura al considerar concluído su
"proyecto" en 1959. Más adelante se ahondará en estos aspectos que
individualizan la aportación de Oteiza dentro de la experiencia racionalista
del arte moderno y le convierten en un "heterodoxo" del Movimiento
Concreto (5) .
De lo expuesto, queda claro que estos escultores se expresan
a través de lenguajes diferenciados, libre de condicionantes formales el de
Oteiza, voluntariamente enraizado en la cultura tradicional vasca el de
Chillida; orientado a buscar una proyección en la vida el primero, exigiendo un
constante desarrollo plástico el segundo; de gran incidencia en la cultura
vasca desde los años 50 y renuncia expresa a otro tipo de difusión el de
Oteiza, de orientación manifiestamente internacional el de Chillida.
"Modulación de espacio II". Hierro. 1963. E.
Chillida.
Pero el trabajo de estos artistas no difiere tanto en su
primeros momentos. Las esculturas de Oteiza de los años 30 y 40 y las
realizadas por Chillida entre 1948 y 50 denotan similar influencia de los
arcaismos primitivos que tan fuerte impronta marcaron en la plástica de la
Modernidad. En ambos casos existe preocupación por los valores de la masa y la
potencia volumétrica, no ajena a cierto espíritu totémico, que en el ámbito
internacional se encuentran en creaciones de Brancusi, Giacometti, Picasso y
Moore, entre otros.
Por tanto, las primeras propuestas de ambos artistas quedan
encauzadas en el contexto de las búsquedas planteadas por la escultura moderna.
Así, conforme a intereses plásticos estrictamente contemporáneos, Oteiza
desarrolla hasta principios de los 50 una coherente trayectoria que parte de un
concepto de compacidad volumétrica, a través de planteamientos sucesivos de la
"escultura como masa", "escultura vertical",
"escultura con aplastamiento de volumen", "escultura con tres
puntos de apoyo", para abordar en una segunda fase la apertura de la masa
y desmaterialización de la escultura en un proceso experimental que va desde el
"tratamiento cóncavo de los volúmenes", el "ensayo de lo
simultáneo" y la "perforación", hasta el "hallazgo del
hiperboloide" (6), que materializa en la estatuaria de Aránzazu, según
indagación plástica que denota el conocimiento de la obra de Alberto Sánchez,
de Picasso y de Moore, artista al que se anticipa cronológicamente en algunos
planteamientos.
"Abesti Gogora I". Madera. 1960-61. E. Chillida.
Chillida, con un retraso lógico si se tiene en cuenta que
nace 15 años después que Oteiza, ofrece también en sus primera esculturas de
fines de los 40 un interés por la plástica de civilizaciones antiguas, como el
arcaismo griego, que en sus valores constructivos y densidad de masas viene a
coincidir con algunas soluciones primitivistas parisinas. También es preciso
mencionar en relación con su obra a Brancusi y Moore, pero por distintos
caminos
que en Oteiza. Como Brancusi, Chillida comienza a manifestar a
través de estas primeras creaciones su interés por la materia; se presenta como
creador de piezas en las que el soporte tiene un valor connotativo, y en las
que, además, se alcanza con independencia del tamaño un sentido monumental,
paralelo al que caracteriza a la escultura de Moore, según se aprecia en
esculturas como "Forma", "Maternidad" y
"Pensadora" de 1948 o "Concreción" de 1950.
"Homanaje a Kandinsky". Alabastro. 1965. E.
Chillida.
Esta fase inicial es, sin duda, fundamental para conocer la
orientación experimental que Oteiza dará a toda su escultura, centrada
entonces, durante casi 20 años, en la indagación sobre la naturaleza espacial
de la estatua a partir de su corporeidad y de la escultura de tema, aspectos
posteriormente abandonados para continuar su indagación espacialista con un
lenguaje racionalista y un proyecto próximo al del Arte Concreto.
'Lurra". Barro y óxido de cobre. 1978. E. Chillida.
Menor duración, en torno a tres años, tiene esa primera etapa
en la trayectoria de Chillida. Sin ambargo, acusa ya en esos primeros momentos
una preocupación por la potencia de la materia que se convertirá en una
constante de la obra gestada tras 1951, cuando, tras un cambio radical de
orientación, abandona la figuración primitivista y define un estilo personal,
vasco por materia y técnica.
A partir de aquí se puede hablar de trayectorias claramente
divergentes. Oteiza, en la tradición constructivista, centra su investigación
en una escultura espacialista en la que los aspectos relacionados con factura y
materialidad ofrecen un interés inversamente propocional a los conceptuales,
que centran su actuación (7) ; se conduce a través de un método racional,
condicionado por el desarrollo del proyecto, en el que la libertad del artista
se canaliza a través de un sistema de fases progresivas que conducen de un
estadio experimental al siguiente, hasta alcanzar la solución en una escultura
de naturaleza estrictamente espacial, libre de cualquier condicionamiento
material, con la que entiende que culmina la trayectoria iniciada por Malevitch
y Mondrian, que Max Bill no ha sabido concluir dentro del Movimiento Concreto
(8) . Razona, por otra parte, esa investigación plástica en explicaciones
teóricas que recogen su reflexión sobre el legado de la Modernidad, con la que
coincide en el afán teorizador, y justifican los pasos y propósitos de su
proyecto (9).
Frente a dicho proyecto racionalista, que en términos de
Fullaondo "pretende colocarse más allá de la realidad para edificar
"ex novo" nuevas realidades" (10) , la escultura de Chillida
constituye un ejemplo de actitud creadora libre, opuesta a normas
condicionantes, regida por el impulso, la espontaneidad y el gesto, y orientada
a desentrañar los enigmas de la vida y la naturaleza a través de las posibilidades
que para ello ofrece la materia. En ese sentido es preciso entender a Manterola
cuando dice que la obra de Chillida "parece basada en la profunda razón de
lo irracional" (11) , pues, a través de ella, la fuerza y el misterio del
cosmos se manifiestan en perfecta armonía con el hombre.
Esta diferente postura creativa contra (12) y desde la
naturaleza de Oteiza y Chillida, respectivamente, además de constituir el más
claro reflejo de su concepción artística, determina todos los aspectos de sus
respectivos lenguajes. Lenguaje que para Oteiza es una simple, aunque
imprescindible, herramienta para conseguir el dasarrollo de su proyecto,
ocupando en Chillida un protagonismo a partir del afán formalizador que
desprende toda su creación.
La naturaleza de las formas y el protagonismo de la materia
En efecto, se observa en la producción de Chillida un extremo
interés por la forma, cuya gestación y desarrollo se producen en estrecha
dependencia de la materia y en íntima relación con el espacio en el que se
instaura. Se trata de formas dinámicas, potentes y constructivas, en las que el
rigor geométrico, incluso en sus series arquitectónicas ("Alrededor del
vacío", "Elogio a la Arquitectura", "Lugar de
Encuentros", "Leku", "Arquitectura heterodoxa"), es
vencido por una suerte de organicidad que parte del nucleo mismo de la materia
y por la fuerza vital que imprime la acción moduladora del gesto.
Por contra, el proceso creativo de Oteiza, entendido como una
operación lógica, implica la existencia de una morfología planteada desde el
rigor y la contención geométricas, que opera dentro de los componentes
racionales de la belleza (13) y se orienta a unas búsquedas estrictamente
espaciales en las que la resultante estética, la escultura vacía, obtenida por
desocupación espacial, constituye, según frase del propio artista, "la
presencia de la ausencia formal" (14) .
Entiende Oteiza que la preocupación formal constituye un
peligro en todo proceso racionalista, capaz de debilitar el proyecto y desviar
la atención hacia experimentalismos superficiales. Pero la interpretación de la
escultura como producto exclusivamente espacial, exige, paradógicamente, una
selección del soporte matérico adecuado, que, en planteamientos como el
oteiziano, será elegido por su valor de "no materia" o
"antimateria", es decir, por la cualidad que ofrece de definir sin
ocupar.
"Poliedro abierto". Piedra. 1958. J. Oteiza.
En este sentido, la experiencia plástica ha de prescindir de
la valoración de la materia como tal, de su capacidad volumétrica, expresividad,
cromatismo y texturas, de ahí la preferencia por materias insignificantes,
desprovistas de belleza según los cánones escultóricos convencionales, como el
alambre, la hojalata o la tiza (15) , que facilitan el desarrollo conceptual
del proyecto, o, cuando éste ya concluído se lleva a la escala definitiva, la
elección de productos semielaborados industrialmente, como la chapa de hierro,
en la que la fuerza natural ya ha sido domada, ofreciendose al escultor como
instrumento silenciado, vacío de connotaciones, idóneo para desarrollar
experiencias de naturaleza espacialista en las que la masa constituye la
"no escultura", según desarrolla Oteiza en sus series escultóricas
"Desocupación del cilindro", "Desocupación de la esfera" y
"Construcciones vacías", con las que obtiene en 1957 el Premio
Internacional de Escultura en la Bienal de Sao Paulo.
Si para Oteiza la materia es un simple instrumento en el
desarrollo de un proyecto escultórico espacialista, es lógico que la vertiente
técnica del proceso le despreocupe por completo. Aspecto que nuevamente le
distancia de Chillida, centrado el la exploración de la naturaleza de la
materia a partir de su intervención según procedimientos que desde la tradición
artesanal le conducen a las prácticas industriales más recientes.
"Vacios en cadena". Hierro. 1958. J. Oteiza.
Frente a la negación oteiziana de la materia, asistimos en la
producción de Chillida a una verdadera exaltación, a la que se refiere Gaston
Bachelard cuando habla de esculturas hechas "a la gloria de la
materia" (16) . A través de la materia este escultor trata de desentrañar
el enigma de los orígenes y de comprender las leyes que rigen el funcionamiento
de la naturaleza y la vida. Ello explica el respeto por las cualidades
intrínsecas de la materia (densidad, dureza, elasticidad, textura, luminosidad,
peso...), constante en toda su producción, que le obliga a elegir diferentes
tipos de soporte material según el plateamiento estético a desarrollar.
Pero, con independencia de que la escultura sea de hierro,
madera, hormigón, alabastro o barro, la escultura de Chillida, como bien expuso
Octavio Paz (17), sorprende por "su acentuada materialidad", por
constituir la manifestación palpable de lo matérico.
Desde que en 1951 emplea por primera vez el hierro en
"Ilarik", esta materia se convierte en la aliada de Chillida en su
indagación formal permanente. Aunque pueda recurrir a otros soportes para dar
cuerpo a sus esculturas, el hierro resume en su obra toda la potencia que se
puede conseguir en la expresión de unas relaciones volumétrico espaciales.
Chillida ha desvelado en sus esculturas las leyes internas
que rigen el hierro, su resistencia y su densidad, y desarrolla en sus series
instrumentales ("Consejo al espacio I", "Música de las esferas
II", "Del horizonte", "Elogio del aire", "Peine
del viento I", "Música callada", de 1951-1956) y gestuales
("Hierros del temblor", "Rumor de límites", "Yunque de
sueños", "Modulación del espacio", de 1955-66) las posibilidades
expresivas que se pueden obtener de la materia a partir de procedimientos
artesanales, modulando las formas en el espacio bajo la acción directa del
fuego y el martillo (18).
Las últimas series escultóricas de hierro
("Estelas", "Alrededor del vacío", "Lugar de
encuentros II, "Elogio a la arquitectura II y III"..., iniciadas en
1964) (19), de mayor densidad volumétrica y carácter arquitectónico acentuado,
aunque producto de técnicas de fundición más relacionadas con procedimientos
industriales, no renuncian a los presupuestos enunciados.
Siguen denotando similar interés por dar valor plástico a
propiedades matéricas tales como densidad, elasticidad y expresividad de las
superficies a través de texturas y tonalidades, rehuyen el rigorismo en la
morfología y construcción de los volúmenes, preservan el espíritu de libertad
creativa, pero, como signo de cambio respecto al enfrentamiento a la materia,
Chillida intenta doblegar uno de los aspectos del hierro que había condicionado
un buena parte su primera producción hasta obligarle a recurrir a otras
materias cuando plantea una escultura de grandes proporciones: el peso.
Hasta entonces la potencia volumétrica y, en especial, la
escala monumental, habían sido abordadas desde el empleo de la madera
("Abesti gogora"), materia de menor peso que el hierro que permite el
cambio de escala en las esculturas, al tiempo que, dotada de nuevas cualidades
intrínsecas (escasa ductilidad, contextura blanda), determina la aparición de
potentes volúmenes que respetan el sentido direccional de la materia viva y
descubren su energía y carácter orgánico a través de los nudos, fibrosidades,
resquebrajamientos y huecos.
Esta escultura monumental que en los años 60 se aborda desde
la madera, se materializará en la década siguiente con el hormigón, tras la
realización de "Lugar de encuentros III" (1972), primera obra de una
serie que culmina veinte años más tarde con el "Elogio del horizonte"
del Cerro de Santa Catalina en Gijón.
La morfología resultante del trabajo de estas materias
implica en cada caso diferentes soluciones espaciales. El hierro se instaura en
el espacio a partir de una continuidad formal, moduladora de ritmos, que ceden
paso en las piezas de madera a una referencia a los límites espaciales a partir
de la rotundidad volumétrica, definidora en las piezas de hormigón de ámbitos
espaciales concebidos como "Lugar de encuentros". Espacios limitados
desde la rotundidad material que, a menor escala, se definen también en algunas
creaciones arquitectónicas de hierro o en las orientadas a investigar sobre las
posibilidades lumínicas que ofrece al alabastro (series "Elogio de la
luz", "Elogio de la arquitectura", "Homenaje a la
arquitectura", "Modulación heterodoxa", "Goetheri
gorazarrea", "Argiareb etxea", "Construcción
heterodoxa", "Articulación heterodoxa"... que parten de 1965)
(20), ofreciendo con esta materia una nueva vertiente de la indagación sobre la
iluminación natural de la escultura desarrollada por Oteiza en la década
anterior.
La valoración del espacio
Frente a los intereses matéricos de Chillida, opone Oteiza
los espaciales, y esto sin dejar de haber experimentado desde los años 30 con
todas las materias, pues prácticamente desde sus primeras creaciones, la
materia, ya se trate de piedra, cemento, yeso, bronce, aluminio, madera, barro,
cerámica, alabastro, hormigón,... se entiende como simple instrumento, aunque
entonces aún no desprovista de expresividad y significación, según demuestran
todas sus esculturas desde "Maternidad" (1928-29) y "Tangente S
igual a A partido por B" (1931), realizadas en cemento, hasta los
numerosos proyectos de bronce para la estatuaria de Aránzazu de 1950-54,
culminada en piedra en 1969 (21). Pero ya desde 1950 en que la "Unidad
triple y liviana" encuentra la solución a su investigación sobre el
cilindro fuera de él, en el hiperboloide, la orientación oteiziana se centra
exclusivamente en los valores espaciales de la escultura, pues el escultor
advierte que el concepto cerrado y estático de la estatua no puede dar más de
sí, residiendo fuera de ella su verdadera solución: "...En otros
territorios del conocimiento advertí que la solución de una cosa está fuera de
sí misma.
"Vacio por concuvencia" (Estado a). Hierro. (1958).
J. Oteiza.
Esta unidad sensible, este nuevo cilindro que piense en el
exterior, no puede ser otro que el hiperboloide" (22).
Son las series geométricas de los años 50 las que reniegan de
la materia, trabajada exclusivamente para explorar las posibilidades
espaciales, pues Oteiza desprecia el material "fuera de su condición
formal y luminosa, estrictamente espaciales", y persigue "una Estatua
en su naturaleza experimental, objetiva, fría, impersonal, libre de todo afán
espectacular" (23). De ahí que abandone la piedra, en la que desarrolla
entre 1950 y 1956 el proceso experimental sobre el "Hiperboloide y
unidades formales livianas", la "Perforación e iluminación natural de
la estatua" y la "Apertura de los poliedros" (series de
"Maclas", "Desocupación espacial interna de los poliedros",
"Piedras discadas"y "Cajas de piedra") (24) pues "a
mayor masa, a mayor proporción de materia tangible de escultura corresponde un
espacio libre más indiferente o totalmente ajeno a la misma obra" (25),
eligiendo para desarrollar la última fase de su proyecto escultórico la chapa
de hierro, mucho más adecuada para referenciar el espacio plástico.
En este sentido, la materia deviene en el límite formal de
una escultura estrictamente espacial, una escultura de expresión neutralizada a
la que llega en 1956-58 en sus series finales sobre la "Desocupación del
cilindro", "Desocupación de la esfera" y "Construcciónes
vacías".
La investigación espacialista planteada en estas series,
desarrollada de forma simultánea entre 1956-58 hasta alcanzar en esta última
fecha las tres conclusiones experimentales con "Caja vacía",
"Desocupación de la esfera" y "Homenaje a Mallarmé" (3ª
Conclusión final, dentro de la serie de "Cajas vacías" o "Cajas
Metafísicas"), ampliamente razonada en su "Propoósito experimental
56-57", parte de planteamientos abordados por la vanguardia rusa en la segunda
década de siglo, que Oteiza considera no concluídos, según ha quedado expuesto
con anterioridad.
Malevitch significa para él " el único fundamento vivo
en las nuevas realidades espaciales" (26), de ahí que en las
"Construcciones vacías" y "Cajas vacías o metafísicas"
delimite la escultura espacial a partir de formas mínimas que denomina
"Unidades Malevitch". En la "Unidad Malevitch", cuadrado
irregular de "naturaleza formal liviana, dinámica, inestable,
flotante" (27), ve Oteiza la forma mínima capaz de definir la escultura
vacía que cierra el ciclo de su proceso escultórico, entendido por el artista
como conclusión, a su vez, de toda la experimentación racionalista derivada del
Constructivismo : "También he querido hacer aquí visible ese vacío que
corresponde al Cuadrado blanco sobre blanco, he querido que quede contada esa
pintura vacía de Malevitch (antecendente repentino y único en el Arte
contemporáneo quizás involuntario) de mi vacío..." (28).
Entiende Oteiza esta solución escultórica como resultado del
arte para la vida, como respuesta a una indagación plástica que no requiere un
desarrollo continuo, que traspasa los límites propiamente plásticos al
"desocupar formalmente la estatua convirtiéndola en un mueble
metafísico"(29), que cierra su "reflexión experimental en praxis
moral y práctica" (30).
A esa praxis, a la intervención en la sociedad, dedica su
actividad desde fines de los cincuenta, a través de organización de actividades
culturales, de proyectos artísticos, del Movimiento de la Escuela Vasca (31) ,
de la publicación de numerosas obras teóricas (32) que han ejercido influencia
determinante entre la juventud y los astistas vascos de las décadas siguientes.
En este sentido, el proyecto oteiziano que concluye en su faceta plástica en
1958, se prolonga tras aquella fecha en el aspecto práctico, según exige su
propio planteamiento, en un desarrollo paralelo a la ininterrumpida actividad
escultórica de Chillida, que, aunque gestada en el ámbito vasco, vuelca su
proyección hacia el exterior, en un paradógido resultado si se tienen en cuenta
los puntos de partida: es el proyecto moderno de Oteiza y la actitud ética que
implica el de mayor incidencia en el contexto vasco, del que sin duda
trasciende, mientras que la producción de Chillida, cargada de connotaciones
vascas, proyecta su orientación fundamentalmente en los ambientes artísticos
internacionales.
(1) J.D. FULLAONDO Y OTROS, Oteiza, 1933-1968, Madrid, 1968;
J.D. FULLAONDO, Chillida, Madrid, 1968; J. VIAR, "Las artes plásticas en
el País Vasco", Gazeta del Arte, 33, 37,38, Madrid, 1974, 1975; J. D.,
FULLAONDO, Oteiza y Chillida en la moderna historiografía el arte, Bilbao,
1976; A.M. GUASCH, "Arte, etnia, cultura. Entorno en Euskadi",
Guadalimar,25, Madrid, 1977; J. SUREDA, "Realidad y existencia de la escultura
vasca", Guadalimar, 25, Madrid, 1977; J. PLAZAOLA, "La Escuela Vasca
de Escultura", Cultura Vasca II, San Sebastián, 1978; M. PELAY OROZCO,
Oteiza. Su vida, su obra, su pensamiento, su palabra, Bilbao, 1978; M.S.
ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporámeos de Guipúzcoa. Medio siglo de una
Escuela Vasca de Escultura, San Sebastián, 1983; M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ,
"Corrientes y estilos del grupo guipuzcoano de la Escuela Vasca de
Escultura", Muga, 12, Bilbao, abril, 1985; A.M. GUASCH, Arte e ideología
en el País Vasco: 1940-1980, Madrid, 1985; V.V.A.A., Oteiza, esteta y
mitologizador vasco, San Sebastián, 1986; V.V.A.A., Oteiza. Propósito
Experimental, Madrid, 1988; M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, El diálogo de las formas:
obra gráfica y esculturas de Chillida, Gijón, 1990; V.V.A.A., Escultores
vascos: Oteiza, Basterretxea, Ugarte, Oviedo, 1991; V.V.A.A., Chillida en San
Sebastián, San Sebastián, 1992; P. MANTEROLA, El jardín de un caballero. La
escultura vasca de la posguerra en la obra y el pensamiento de Mendiburu,
Oteiza y Chillida, San Sebastián, 1993.
(2) M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos de
Guipúzcoa. Medio siglo de una Escuela Vasca de Escultura, San Sebastián, 1983,
vol. I, pp. 69-75.
(3) P. MANTEROLA, "La escultura vasca, una cuestión de
límites", Escultores Vascos: Oteiza, Basteretxea, Ugarte, Oviedo, 1991, p.
13.
(4) J. OTEIZA, "Ideología y técnica desde una Ley de los
Cambios para el arte" (Madrid, 1964), en Oteiza 1933- 1969, Madrid, 1968;
La Ley de los Cambios, Zarauz, 1990.
(5)Su postura respecto al Arte Concreto queda bien reflejada
en el siguiente párrafo de Quousque tandem...!: "El estilo geométrico de
las tendencias inmediatamente anteriores a las de hoy (el movimiento concreto,
racional y espacialista) debió haber cumplido con la neutralización total de la
expresión, definiendo resueltamente su nada final...Al racionalismo geométrico
de los concretos, ayer, les faltó la visión suficiente en su último
objetivo...Un solo artista concreto ayer, que hubiera logrado la obtención
final de su experiencia en una nada, habría representado el final victorioso
del proceso espacialista...Hago esta observación y la voy a coregir ya que hubo
un artista en el movimiento concreto que logró aisladamente esa victoria,
pero... tengo que referirme a mi " (3ª ed., San sebastián 1975, pp.
84-85).
(6)M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos..., vol
I, pp.181-198; T. BADIOLA, "Oteiza. propósito experimental", pp. 29-
35.
(7)El valor conceptual de la escultura oteiziana queda
reflejado en la siguiente opinión del artista: "Si uno es escultor no
faltan las manos, pero la escultura e cosa mentale" (en V.V.A.A., Oteiza,
esteta y mitologizador vasco, San Sebastián, 1986, p. 254).
(8)"Considero que mi investigación ajusta y completa
racionalmente a Malevitch y concluye a Mondrian" (en J.D. FULLAONDO,
Oteiza y Chillida en la moderna historiografía del arte, Bilbao, 1976, p. 55.
(9)A lo largo de su trayectoria plástica, Oteiza deja
constancia de su pensamiento estético a través de numero-sos textos:
"Carta a los artistas de América sobre el arte nuevo en la
postguerra" (1944), "Informe sobre mi escultura" (1948),
"La investigación abstracta en la escultura actual" (1951),
"Renovación de la estructura en el arte actual" (1952),
Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana (1952),
"Memoria del Proyecto del escultor Oteiza presentada al Concurso
Internacional para el Monumento al prisionero Político Desconocido y protesta
ante el jurado" (1952), Propósito Experimental 1956-1957 (1957),
"Escultura dinámica" (1959).
(10) J.D. FULLAONDO, Oteiza y Chilllida..., p. 74.
(11) P. MANTEROLA, "Introducción", en Arte e
Ideología en el País Vasco: 1940-1980, Madrid, 1985, p. 13.
(12) En relación con la postura de Oteiza respecto a la
naturaleza, véase "Cinco pasos en torno a la Pasión de Jorge Oteiza",
Oteiza-Moneo, catálogo Pabellón de Navarra en la Exposición Universal de
Sevilla, 1992.
(13) En J.D. FULLAONDO, Oteiza y Chillida..., pp. 62-64.
(14) En J.D. FULLAONDO, Oteiza y Chillida..., p. 22.
(15)"En hojadelata crece la estatua en familia, es
cuando el hierro como material de exposiciones pierde importancia. La
inteligencia está en los pequeños formatos de hojadelata, en los múltiplos de
pequeños pedazos de tiza y en el alambre, el error está en el hierro si el
escultor no está en los pequeños formatos experimentales" (en
"Estética del huevo. Mantalidad vasca y laberinto", Epílogo de Oteiza
1933-1968, Madrid, 1968).
(16) G. BACHELARD, "El cosmos de hierro", Revista
de Occidente, 3, Madrid, 1976, p. 27.
(17) O. PAZ, "Chillida, entre el hierro y la luz",
Eduardo Chillida. Periódico de Exposiciones, 3. Palacio de Cristal, Madrid, 7
julio 1980.
(18) M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos..., vol
II, pp. 357-364.
(19) M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol. II, pp. 364-373.
(20)M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos..., vol
II, pp. 377-382.
(21) M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáenos..., vol
I., pp. 179- 201.
(22) J. OTEIZA, "Renovación de la estructura en el arte
actual", Oteiza 1933-1968, Madrid, 1968, p. 62
(23) J. OTEIZA, "Advertencia personal", Catálogo
Bienal de Sao Paulo, 1957
(24) M.S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos..., pp.
202-217.
(25) J. OTEIZA, "Advertencia..."
(26) J. OTEIZA, "Propósito Experimental 1956-1957",
Catálogo Bienal de Sao Paulo, 1957.
(27) J. OTEIZA, "Propósito experimental..."
(28) En M. PELAY OROZCO, Oteiza. Su vida, su obra, su
pensamiento, su palabra, Bilbao, 1978, p. 208..
(29) Entrevista de Fr. Joseba de Intxausti para Revista
Jakin, Aránzazu, XII 1960.
(30) J. OTEIZA, "Dos breves aclaraciones", Catálogo
Exposición Oteiza en Galería Txantxangorri, Fuenterrabía, 1974.
(31) M. S. ÁLVAREZ MARTÍNEZ, Escultores contemporáneos...,
vol. I, pp. 64-95.
(32) La producción teórica de Oteiza se intensifica tras la
conclusión de su proyecto plástico. A partir de entonces, sus textos suman a la
reflexión estética una componente ética de propósitos prácticos en el contexto
cultural vasco. Se relacionan a continuación algunos de los más significativos:
"Hacia la pintura instante, sin espacio y sin tiempo" (1960),
"El final del arte contemporáneo" (1960), "Cromlech y estelas
funerarias" (1963), Quousque Tandem...! Interpretación estética del alma
vasca (1963), "Ideología y técnica desde una Ley de los Cambios para el
Arte" (1964), "Para una tipología de las relaciones del vasco con
Dios y la muerte" (1965), "Estética del huevo. Mentalidad vasca y
laberinto" (1968), "Justificación de mi presencia" (Exposición
Cinco escultores vascos, 1973), "Dos breves aclaraciones" (Exposición
en Txantxangorri, 1974), "Un modelo de hombre para el niño en cada
país" (1975), "Aizkorbe, nuevo escultor en Escuela vasca"
(1976), "Algo sobre los dos lados en el espacio para un comportamiento
combatiente" (1978), Ejercicios espirituales en un tunel. En busca y
encuentro de nuestra identidad perdida (1965-1983), "Utopía y fracaso
político del arte contemporáneo" (1988), Cartas al Príncipe (1988), Existe
Dios al Noroeste (1990), La Ley de los Cambios (1991).
Mª Soledad Alvarez Martínez, Universidad de Oviedo Fac.
Geografía e Historia. Dpto. de Hª del Arte y Musicología
Publicado originalmente en RIEV, v. 42, 1997, pp. 13-26.
Euskonews & Media 207. zbk (2003 / 04 / 11-25)
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