LOS FRANCISCANOS

Franciscanos

Comprenden tres órdenes: la primera orden (fundada en 1209) u Ordo Fratrum Minorum, formada por los franciscanos propiamente dichos (O. F. M.), los conventuales (O. F. M. Conv.) y los capuchinos (O. F. M. Cap.); la segunda orden (fundada en 1212 por I Santa Clara) formada por las clarisas y concepcionistas; y la tercera orden (fundada en 1221), terciarios franciscanos (seglares de ambos sexos), los religiosos terciarios regulares y las religiosas terciarias de varias congregaciones. A principios del siglo XIII, entre 1213 y 1215, entra en Hispania San Francisco de Asís con la intención de pasar al África, viaje del que desistió para acabar como peregrino de Compostela. La tradición dice que a su paso por Pamplona pacifica las luchas de barrios (ver SAN FRANCISCO DE ASIS). Con las primeras fundaciones conventuales se divide la orden en provincias. La provincia de Aragón abarcaba ese reino y el de Navarra. Cada provincia se subdividía en demarcaciones denominadas custodias y conventos. Se sabe que a fines del siglo XIV la prov. de Aragón, en la que se hallaba incluida Navarra, contaba con siete custodias y 37 conventos, y la de Castilla, 8 custodias y 44 conventos. Los franciscanos se distinguen pronto como confesores de reyes y doctores en Teología, así como en la fundación de asilos, hospitales, escuelas, predicación, misiones, etc. El descubrimiento de América provocó un despertar misionero en la evangelización de los indios. Otras misiones se fueron estableciendo por Japón, China y Filipinas. El dogma de la Inmaculada contó con firmes defensores entre los que se destaca Tomás Francés de Urrutigoiti n. en Zaragoza pero de origen materno vasco. Algunos franciscanos destacados son Diego de Estella, Angeles Sorazu, místicos; Juan de Rada que terció en la famosa controversia de auxiliis. En la jerarquía eclesiástica destaca Gregorio María Aguirre, cardenal y primado de España.

LOS FRANCISCANOS

Vicisitudes históricas

En el siglo XIII, con motivo de la visita de San Francisco de Asís a Euskalerria a su paso para Compostela, se fueron fundando conventos franciscanos en Vitoria (1214), Pamplona (1230), Bayona (1242), Tudela (1275?), Olite (1243 ó 1345), y en el siglo siguiente Bermeo (1357) y Miranda de Ebro (1397). Del siglo XV son por lo menos los de Izaro Forua (1427), Bilbao (1446 ó 1475), Orduña (1471), Labastida (1447), Viana (1440), Azpeitia (1497) y Piedrola de Campezu (1473).-El siglo XVI fue fecundo. Se fundaron el de Aránzazu (1514), el de Sasiola de Deva (1504), el de Elgoibar (1516), el de Mondragón (1582) y el de Tolosa (1587). En el siglo XVII continúa el aumento de conventos con el de San Sebastián (1606), Zarauz (1610), Vitoria (1635), y La Puebla de Arganzón (1670). Esto sin contar los de religiosas que solamente en Guipúzcoa se fundaban diez en el solo siglo XVI: Santa Ana y Vidaurreta, en Oñate (1509), Mondragón (1511), Segura (1519), Elgoibar (1533), Azcoitia (1589), y en el siglo XVII los de la Santísima Trinidad de Vergara (1600), Zarauz (1611), Santa Clara de Tolosa (1612), Isasi de Eibar (1618). Este auge desmedido alarmó a las Juntas Generales de Motrico que reunidas el año 1612 se vieron obligadas a restringir las fundaciones a los instituidos con toda clase de licencias y permisos. Reunidas de nuevo en 1699 volvieron a exponer al rey la inconveniencia de tal aumento por las dificultades de sostenimiento de los mismos. Una real provisión del 28 de febrero de 1708 disponía que no se pudiesen fundar sin licencia real y de la provincia. Estas casas de retiro, oración y enseñanza de frailes fueron suprimidas por la ley española de 1836 pero la disolución no se llevó a efecto por el estado de guerra civil. Solamente en Navarra afecta la ley a los conventos de Pamplona, Tudela, Viana, Estella, Sangüesa, Tafalla, Rocaforte y Arizcun. Hecha la paz en 1839 el gobierno español toleró la existencia de estos conventos si bien sus bienes se declararon de propiedad nacional española. A pesar de todo ello continuaron las monjas en posesión de sus propiedades hasta que en 1851 se celebró un Concordato entre la Reina de España y el Papa. Según uno de sus artículos deben conservarse las casas de religiosas que a la vida contemplativa reúnan educación y enseñanza de niñas u obras de caridad.

Arantzazu

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Beltri

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LOS FRANCISCANOS

Aránzazu

La presencia de los franciscanos en el convento y santuario de Ntra. Sra. de Aránzazu tuvo antecedentes a su instalación definitiva en 1514. Efectivamente; los primeros frailes son los mercedarios llegados de Burceña (Vizc.) llevados por Fr. Pedro de Arriarán o de Oñate que servía como superior. Llegaron en 1493 y fundaron la primera comunidad de religiosos varones de Guipúzcoa. La fundación no tuvo éxito. Los mercedarios regresaron a sus conventos de origen, los de Burceña y Colindres, salvo Fray Juan que se negó a abandonar el santuario constituyéndose así en el fundador superior de una casa de "tercerones" franciscanos como los llama Garibay. Estos franciscanos, poco más tarde, se hacen dominicos y de ahí el pleito que se origina con la Orden franciscana que reclama su derecho a la casa. Por sentencia de la Rota Romana se falla en favor de los franciscanos el año 1514 dando lugar a la toma de posesión definitiva de los mismos a partir de esa fecha. Desde ese momento se incrementa la devoción a Ntra. Sra. de Aránzazu de tal modo que ha llegado a ser uno de los santuarios más célebres de Euskalerria. La Cofradía del mismo nombre construye camino desde Oñate y San Ignacio visita el santuario en peregrinación de penitencia el año 1522. Otra muestra de devoción la constituye el legado que el 2 de enero de 1524 le hizo el leniztarra Juan López Alzarte y Garay. A principios del siglo XVIII había más de 61 religiosos. En 1933 tenía 20 padres, 17 coristas, 26 legos y donados y 68 alumnos del Colegio Seráfico.

martes, 5 de febrero de 2013


Euskonews
Jorge Oteiza / Artista

He sabido vivir (Entrevista publicada en el número 1 de Euskonews)
Jorge Oteiza Enbil nació en Orio (Gipuzkoa) en 1908. Desde su infancia sintió especial atracción por la arquitectura, si bien fueron las artes plásticas las que acabarían por forjar su personalidad. En 1933 consiguió su primer premio, en Gipuzkoa, y dió comienzo su periplo de exposiciones, tanto en el País Vasco como en Suramérica. En 1950 ganó el concurso que le permitía llevar a cabo el conjunto estatuario de la Basílica de Aránzazu. En 1957 consiguió el Primer Premio de la Bienal de Sao Paulo, en escultura. Es uno de los emprendedores más destacados en favor de la Escuela Vasca de Arte. Fue miembro promotor de los grupos de artistas vascos GAUR, EMEN y ORAIN. En 1963 publicó su “Quosque Tandem... Ensayo para la interpretación del alma vasca” y en 1983 “Ejercicios espirituales en un túnel”. En 1985 el Ministerio de Cultura español le concedió la Medalla de Bellas Artes y en 1988 fue premiado con el Premio Príncipe de Asturias, en el apartado de arte. Jorge Oteiza es uno de los artistas plásticos vascos más apreciados en el mundo.

Merecedor en 1996 del Premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza, dos años más tarde, a finales del pasado mes de julio nos acercamos hasta Jorge Oteiza, en su casa de Zarautz, para poner en sus manos el reportaje gráfico confeccionado el día de la entrega del mencionado galardón. Nos recibió con la misma amabilidad que siempre ha demostrado con la Sociedad de Estudios Vascos, en una mañana calurosa, dos días después de haber sido distinguido con el título Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

He querido transcribir una parte de la conversación informal que mantuvimos en su despacho de trabajo; tertulia que giró alrededor de temas ludico-epicúreos. La primera reacción de Oteiza ante el material fotográfico que le entregó “Kote” Ormazabal fue un recuerdo para con la persona que dió nombre al galardón.
El Premio Manuel Lekuona es uno de los más entrañables que he recibido. Estimaba profundamente a Don Manuel —nos confiesa Oteiza— Nuestra relación fue entrañable... El color sonrosado de su piel denotaba una manera de ser pacífica, siempre abierto a la comunicación... De vez en cuando sabía ser provocador...
Analizando el material gráfico que le entregamos, se da cuenta de que en la mesa presidencial del acto de homenaje no coincidían algunos de los carteles identificativos de los allí presentes. Así, delante de Sainz de Oiza aparecía el cartel con el nombre de Gregorio Monreal y viceversa.
Está muy bien así, ya que de vez en cuando hay que cambiar el órden de las cosas; si no, la vida sería muy monótona. Mirad este retrato —señalando uno en el que aparece él— Mi cara es sinónimo de paz y hermandad... justo lo contrario de lo que normalmente se me achaca. En esta foto, por tanto, se puede apreciar la cara oculta de Oteiza!
Habiendo superado el momento crítico del mediodía, y como si nuestras mentes y estómagos hubieran adivinado la aproximación de la hora de almorzar, la conversación toma tintes gastronómicos netos. Por si ello fuera poco, se nos une a la tertulia Joseba, propietario del restaurante “Zubi Ondo”, quien ha traído para Jorge una docena de ostras. A Oteiza se le iluminan los ojos ante el regalo. Joseba y Jorge comparten gustos y una pequeña biblioteca sita en el mismo restaurante, con libros sobre el artista y unas cuantas pequeñas esculturas estilizadas.
Están atornilladas. ¡Por si acaso!... Las ostras y en general el marisco me han gustado siempre. Ya sabeis... ¡Uno es de Orio! Me las traen de Holanda, y son de la máxima garantía... A mi edad hay que cuidar bien el estado de los alimentos. Fuí campeón de comer ostras en Chile y en Río de Janeiro. Y para acompañar a las ostras nada mejor que txakolí de Getaria. Getari, ezkutari!
En ese momento interviene Juan Garmendia Larrañaga, amigo desde hace muchos años de Jorge, subrayándole al artista su afición a la buena mesa... pero también al deporte. Y surgen una serie de anécdotas vividas conjuntamente en Alzuza y alrededores, a donde se desplazaban en el viejo 2CV de Oteiza.
Juan —le sale a Jorge del alma— ¡Tú si que eres más que buena persona! ¡Y además te conservas muy bien! ¿Cómo lo haces? Yo, en cambio, aquí me teneis, sin dientes... ya que todo lo artificial que hasta el ombligo había en mi cuerpo lo he echado a la basura. Lo que haya del ombligo para abajo... ya caerá por sí solo... aunque no tengo ninguna prisa por perderlo. Estoy delicado de salud; pero, ¿cómo no voy a estarlo si, a mi edad, me fumo tres puros todos los días? Ciertamente, ¡he sabido vivir!
Y a continuación busca en las estanterías de su despacho, hasta dar con una caja medio escondida. En ella guarda sus pipas de fumar, modelos inventados y patentados por él en Londres y Buenos Aires. Pipas que dejan boquiabierto a cualquier especialista, al haber sido concebidas justamente de forma contraria a las habituales.
Por lo que dice de Vd. Juan, también ha sido deportista...—le recordé—.
Admiré profundamente al boxeador Uzkudun, y muestra de ellos es la cabeza que esculpí en piedra. En cierta ocasión hice una apuesta, en la que retaba a cualquier boxeador de mundo, siempre que el ring fuera redondo. Para nosotros los vascos, la forma redonda es sagrada. Recuerda el cromlech. Además del boxeo, me gustan las regatas de traineras. He realizado diseños especiales de traineras.

Una vez que ha concluido el repaso de la fotografías, lee el dossier de prensa que le hemos entregado, relacionado también con el acto de entrega del Premio Manuel Lekuona. Una de las noticias decía que Eusko Ikaskuntza había premiado el esfuerzo humanístico de Oteiza. No parece que Jorge esté muy de acuerdo con ello...
Yo no sé que es esfuerzo... ya que toda mi vida ha sido un continuo trabajo. El esfuerzo me conquistó desde un principio y, por tanto, nunca surgió en mí conciencia de esforzado.
Con una taza de café en la mano y el cigarro puro en la boca, Jorge Oteiza ríe a gusto con las anécdotas que va desgranando Juan Garmendia Larrañaga. Ambos han tenido amigos en común, y así surgen comentarios sobre Don José Miguel Barandiarán, Julio Caro Baroja y otros.
Quien me impactó de forma especial, habiéndole visto una sola vez, fué Pío Baroja —nos dice Oteiza— Estaba él muy enfermo y su casa de Madrid era un auténtico archipiélago de visitas, siempre llena de gente. Yo no tenía intención de visitarle pero un amigo recién llegado de Chile me pidió que le acompañara. Allá fuimos y cuando nos acercamo al lecho de Don Pío, alguien que allí estaba le preguntó acerca de las esculturas de Aránzazu. ¡Las burradas que sobre mi obra dijo Baroja! Y, claro, me dejó aplanado. Pero, una vez que salimos de aquella casa me pregunté: ¿Por qué tiene que saber Baroja de escultura? Y me quedé mucho más tranquilo...
Permanecimos en agradable conversación durante hora y media. Justo hasta que su médico Alberto Guisasola hizo acto de presencia para someter a nuestro anfitrión a su sesión diaria de masaje. Nos retratamos por última vez y brindamos juntos por que Jorge Oteiza pueda seguir desarrollando su obra con tranquilidad.
Euskonews

Jorge Oteiza / Artista
Bizitzen jakin izan dut (Euskonewseko 1go zenbakian argitaratutako elkarrizketa)
Jorge Oteiza Enbil Orion jaio zen 1908an. Arkitekturak tiratu zuen txikitatik, eta arte plastikoaren bideak jorratu zituen gazte zenetik. 1933an bere lehen saria lortu zuen Gipuzkoan eta erakusketak eratzeari lotu zitzaion, Euskal Herrian eta Hegoameriketan ere. 1950ean Arantzazuko Saindutegiaren estatuak egiteko lehiaketa irabazi zuen. 1957an Sao Pauloko Biurteko Nazioarteko Saria lortu zuen, eskulturan. Euskal Eskolaren bultzatzailerik adierazgarriena dugu. GAUR, EMEN eta ORAIN artista taldeen sortzaileetakoa da. 1963an “Quosque Tandem...! Euskal gogoaren interpretaziorako saioa” liburua argitaratu zuen eta 1983an “Ejercicios espirituales en un túnel”. 1985ean Espainiako Kultura Ministeritzaren Artederretako Domina eskuratu zuen eta 1988an Artederretako “Principe de Asturias” Saria egokitu zitzaion. Jorge Oteiza, euskal arte plastikoak eman dituen artistarik ezagunenetakoa da, mundu osoan.

Manuel Lekuona Saria eskaini zitzaion 1996an, eta bi urte beranduago, haren emate-ekitaldiaren gaineko erreportaia grafikoa bere eskuetara iristarazteko, Jorge Oteizarengana hurbildu ginen, aurtengo uztailaren amaieran, Zarautzko bere etxera, Euskal Herriko Unibertsitatearen Honoris Causa titulua jaso berri zuelarik. Eusko Ikaskuntzarekiko beti azaldu duen abegitasun zintzo berberarekin errezibitu gintuen, eguerdi eguzkitsu batean.

Ondoren doazen zertzeladak, elkarrizketa informal hartatik ateratakoak dira, batez ere bizitzaren alderdi ludiko eta epikureoa izan genituelarik hizpide. “Kote” Ormazabalek, 1996ko maiatzean Oñatiko Unibertsitatean ospaturiko ekitaldi hari buruz prestatutako argazki bildumaren aurrean Jorgeren lehen erreakzioa, On Manuel Lekuona zenaren gaineko gogoeta bat izan zen.
Manuel Lekuona Saria, jaso ditudan ohoren artekorik minenetakoa da, On Manuel biziki estimatzen nuen eta —aitortu zigun Oteizak— Nahikoa sakona izan zen gure harremana... Larrosantzeko koloreko bere azalak bakea adierazten zuen, komunikaziorako gogoa... Inoiz probokatzaile samarra ere gertatu zitzaigun!
Argazki bildumarekin jarraituz, emate-ekitaldiko lehendakaritzaren mahaian, hizlarien izenekin ipinitako karteltxoak aldatuta daudela ohartu zen, Sainz de Oiza-ren ondoan Gregorio Monreal-i zegokiona zegoelarik eta alderantziz.
Ederto dago, noizean behin gauzen ordena aldatu beharrean aurkitzen baikara, osterantzean bizitzak zentzu monotono irenstezina hartuko bailuke. Begira erretrato honetan ere —bera agertzen den bati buruz ari zen— Nire aurpegiak bakea eta anaitasuna isladatzen ditu..., justu ohikoaren kontrakoa, amorruzko betartearekin ateratzen bainaute beti. Argazki honetan, beraz, Oteizaren aurpegi izkutua ikus daiteke.
Eguerdia gainditua , hangoen gorputz eta gogoek bazkaltzeko ordua iristen ari zela igerri balute bezala, elkarrizketa tonu epikureoa hartzen zihoan. Hori gutxi bailitzan, “Zubi Ondo” jatetxeko Joseba adiskidea, dozena bat ostrarekin agertu zitzaigun, artistarentzat. Oteizari begiak biziagotu egin zitzaizkion. Josebaren jatetxean liburutegi txiki bat da, Jorgeri buruzko zenbait liburu eta bere eskultura estilizatu batzuekin.
Atornillatuta daude! Bestela... Ostrak, eta orohar itsaskia, betidanik gustatu zaizkit... Badakizu, Orion jaioa nauzue! Holandatik ekartzen dizkidate ostrak, berma osokoak, izan ere nire adinean estu zaindu behar dut elikadura. Ostrak jaten txapeldun izan nintzen Txilen eta Rio Janeiron! Eta ostrei laguntzeko, ezer ez hobeagorik Getariko txakolina baino... Getariko txanpaña! Getari, ezkutari!!
Une horretan Juan Garmendia Larrañagak, Jorgeren aspaldiko adiskidea, jatun on eta kirolzale aparta betidanik izan dela oroitu zion artistari. Alzuzatik zehar, Jorgeren 2CV zahar batean eginiko txangoen erreferentziak berpiztu ziren bien baitan.
Juan —bota zion bapatean Oteizak— Zu bai ogi puxka zarela! Eta oso ondo kontserbatzen zara, gainera! Nola egiten duzu? Ni berriz, hemen nago, haginik gabe, burutik zilborreraino neukan artifizialkeria guztia zakarrontzira bota baitut! Zilborretik beherakoa, berriz, berez eroriko da... Baina ez noa presaz ibiltzera! Osasunez makaltxo nabilen arren, nola demontre osatuko naiz laurogeitamar urterekin, egunero hiru zigarro puru erretzen baditut? Benetan, bizitzen jakin izan dut.
Eta Jorgek langelako ahapaletan miatu zuen jarraian, erdi izkuturik utzitako kaxa baten bila. Erretzeko pipak erakutsi nahi zizkigun, berak asmatutako eta Londres eta Buenos Airesen patentatutako modeloak. Edozein pipazale txundituta utz dezaketenak, tabakoa erretzeko duten sistema guztiz atzekoz aurrerakoa baita.
Lehen Juanek esan duenez, kirolzale ere izan zara... —gogoratu nion—.
Uzkudun boxealaria miretsi nuen, batez ere. Horra hor, adibidez, errezildarraren burua, harriz landu nuena. Behin apustu bat egin nuen, munduko edozein boxealariren kontra jokatzeko prest nengoela, baldin eta ring-a biribila bazen. Guretzat, euskaldunentzat biribiltasuna sakratua da. Begira, bestela, cromlech-a. Baina, horrezaz aparte, traineruek ere tiratzen naute, eta diseinu berezi batzuk burutu ditut, gai horren inguruan.

Argazkiak errepasatzen amaitu zuenean, Manuel Lekuona Saria emate-ekitaldiko prentsa mozkinei iritsi zitzaien txanda. Egun hartako kazeta batek, “Eusko Ikaskuntzak Oteizaren esfortzu humanistikoa sariztatu du” zioen. Ez dirudi Jorge oso ados zegoenik izenburu horrekin.
Nik ez dakit zer den esfortzua... den-dena esfortzua izan baitut bizitza osoan. Esfortzuak garaitu ninduen hasiera hasieratik eta, beraz, esfortzatuaren kontzientzia ez zen nigan inoiz sortu.
Juan Garmendiak, bientzat ezagun diren zenbait pertsonen aipamenak egiten jarraitu zuen. Oteizak, katilu bat kafe eskuan eta zigarro purua ezpainetan, gustora egiten zuen barre Juanen ateraldiekin. Jose Miguel Barandiaran, Julio Caro Baroja eta beste adiskide batzuen gaineko anekdotak azaldu ziren, denak umore onean.
Inpaktatua geratu nintzen Pio Baroja ezagutu nuenean -esan zigun Oteizak- Oso gaixorik zegoen, Madrilen, eta bere etxeak “bisiten arkipielagoa” zirudien, egun guztian jendez beterik baitzegoen. Nik ez nuen inolako asmorik bisitatzera joateko, baina behin txilear lagun bat etorri zitzaidan eta, arren eta arren, Don Pío ikustera laguntzeko eskatu zidan. Hara joan ginen eta gaixoarengana hurbildu ginenean, han zegoen batek “Zer iruditzen zaizkizu Arantzazuko apostoluak?” galdetu zion Barojari. Hark bota zuen ostikada! Eta, noski, jota utzi ninduen. Baina, handik aterata gero, “Zergatik jakin behar du Barojak eskulturaz?” galdetu nion neure buruari eta lasai geratu nintzen.
Ordu erdiz iraun zuen gure elkarrizketa biziak, hain zuzen ere Alberto Gisasola doktoreak, Jorgeri eguneko masaien dosia ematera etorri zitzaion unerarte. Elkarrekin azken erretratoak atera eta Oteiza handiak lanean lasai jarrai dezakeen, topa egin genuen.

lunes, 4 de febrero de 2013

La pasión de Jorge Oteiza


 Artículo publicado en el libro Premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza

* Traducción al español del original en euskera

Pedro Manterola

Oteiza nació en Orio en 1908. Yo iba a nacer en San Sebastián, Oquendo 11, dice en el Iibro de Pelay Orozco, pero mis abuelos maternos vivían en Orio, por esto nací en Orio.

Las primeras e inolvidables experiencias de sus años infantiles, nacidas del contacto con su familia y los otros niños, llegaron a influir decisivamente en su pensamiento artístico. La construcción del vacío, como lugar de protección, de curación de la angustia y de la muerte, sagrado por tanto, en torno al cual acabará conformándose su pensamiento y su obra, encuentran en las impresiones más vivas en su memoria de aquellos años preciosas referencias. Recuerdo, dice, en la puerta del matadero de Orio, a unos niños sacando de un saco unos gatos recién nacidos cogidos del rabo y estrellándolos contra la pared entre risas y exclamaciones de regocijo. Tal vez porque se diría que son originarias, "naturales", pocas cosas resultan tan terribles como la inocente crueldad de los niños o la festiva brutalidad de muchas costumbres populares. Unas y otras engendran el sabor de un miedo que el niño descubre, más que en el saber prematuro de la muerte, en el sufrimiento que se infiere de forma gratuita y se padece impotente. Hasta los seis años soy un niño que vivo introvertido, temeroso, asustado, incomunicado. En "Quosque tandem...!" escribe: de niño, como todos, sentimos como una pequeña nada nuestra existencia, que se nos define como un círculo negativo de cosas, emociones, limitaciones, en cuyo centro, en el corazón, advertimos el miedo —como negación suprema— de la muerte. Acaso el arte encuentra en los sentimientos de inseguridad y temor sus raíces más genuinas. Tal es el origen que el escultor atribuye a algunas formas de belleza: La imagen terrible y hermosa que adoptan ciertos animales se debe a que están aterrorizados. Del miedo le salen al pavo real sus cien ojos.

La primera consecuencia de estas experiencias en el pequeño Oteiza fue la revelación de un mundo efímero y encarnizado del que era necesario defenderse y el hallazgo de lo amable en el retraimiento y la soledad. Lo que se oculta es tu verdad, saltó de repente en una las largas conversaciones que sosteníamos. Te has enterrado dentro de ti —continuó dirigiéndoseme aunque realmente era de él mismo de quien hablaba—. El vivo está enterrado, el muerto está fuera. Así, hurtándose de la presencia de los otros, el niño aquel fue adentrándose, como Alicia en su maravilloso País, en un lugar vacío y ensimismado, en un espacio secreto de protección, en torno al cual había de conformarse años después la idea motriz de su obra escultórica. De niño, recuerda a menudo, aprovechaba los pequeños hoyos que hacían los carros que se llevaban la arena de la playa para sepultarse en ellos como un gusano subterráneo (a despecho de los expertos nos dice que en euskera arro, de la raíz ar, significa al mismo tiempo, hueco, agujero y gusano). Y que desde allí, acurrucado en el fondo de su agujero, veía el cielo azul y luminoso dentro del círculo que la arena dibujaba sobre su cabeza. Como el avestruz, añade —maravilloso y calumniado, metafísico animal que crea su pequeño cromlech enterrando la cabeza y el miedo en la arena— el escultor del cromlech abre un sitio para su corazón en peligro, hace un agujeroen el cielo y su pequeña cabeza se encuentra con Dios. Este esquema que pone en comunicación directa la oscuridad con la luz, lo más profundo con lo más elevado, el abismo con el cenit, nos remite a la concepción de un espacio continuo, trascendental, en el que, como en las pinturas barrocas, el cielo y tierra encuentran su lugar recíproco cuando se encuentran.

Pero ese círculo celeste -celestial- que podemos ver desde la profundidad donde permanecemos ocultos, no nos salva porque lo vemos, nos salva porque nos ve; no es la serpiente de bronce bíblica, sino el gran ojo equilátero que vela impasible. Imaginándose tal, el escultor hacía pequeñas esculturas, cromlech de bolsillo, perforando los trozos de piedra arenisca que conseguía en una cantera situada en el alto de Zarauz. Todo lo que miraba a través del agujero se hacía de inmediato sagrado. El encuentro, años después, con el cromlech neolítico confiere un nuevo sentido al secreto universo que Oteiza niño ensoñaba en su agujero de la playa de Orio. Como si sus más intimas intuiciones fueran el remoto reflejo de un temor y temblor originarios, el pequeño círculo de piedra prehistórico le revela la sustancia vacía de la estatua y la naturaleza religiosa de toda experiencia estética.

Pero los anhelos de profundidad suelen desembocar en la altura. La atracción del abismo no es muy diferente a la que suscitan las cumbres más elevadas. "El camino hacia arriba y hacia abajo es uno solo y el mismo" (Heráclito B 60). La soledad total que aguarda en el fondo de uno mismo, en la oscuridad de la caverna interior, sin otra presencia que la de las propias voces, con frecuencia termina conduciéndonos a un destino que sólo la presencia de los otros puede ayudarnos a soslayar. El "yo puro" que ansíamos, que reclamamos ser sin la menor duda (marcados como una res.con la señal indeleble del miedo, estigmatizados), más allá de la conciencia, que entrevemos en nuestra íntima lejanía y que permanece imperturbable en la sima insondable de una gravedad absoluta, ¿qué es sino la mirada del dios? Tal vez por eso llamamos trascendencia (de "trans" y "scando") a la forma de lejanía que se manifiesta al ascender. Oteiza siguiendo el paradójico camino que prescribe Voltaire: "para elevarnos, descendamos a nuestro interior" se oculta, en el friso de piedra de mis antepasados,... en mi mismo, en mi angel, fuera delalcance de mis enemigos, de mis demonios; nadie puede herirme porque me escondo en mi ángel, para ascender. El escultor cuenta que cuando hacía el servicio militar, de noche, desde su catre en el cuartel, veía a través de una ventana el cielo estrellado, e imaginaba que aquél rectángulo era una piscina, ¡la piscina del cielo!, y me zambullía en ella de cabeza. Llegó incluso a escribir un cuento, hoy lamentablemente perdido, con este tema.

Estas experiencias de infancia y juventud y muchas otras adquieren una mayor significación si se consideran a la luz que nos presta su conclusión experimental como escultor: la estatua vacía que el artista alcanza a finales de los años cincuenta y que nos ofrece reposando en sus cajas abiertas. Conviene precisar que, en las también llamadas cajas metafísicas, la chapa que vemos no constituye la escultura propiamente, sino su lugar (tal vez, en nombre de un supuesto interés didáctico, debería exagerar diciendo que la escultura que creemos ver en la parte metálica es sólo su embalaje. El propio Oteiza ha utilizado en ocasiones esta clase de recursos). La escultura es el vacío interior, el "apeiron", indefinido e invisible, que se esconde, apoyándose en la chapa, para proteger su parte más débil como el escultor en su agujero

***
Cuando en 1935 navegábamos hacia América en el Arantxamendi, Balenciaga, desde el puente, pintaba mirando al mar. Pero no pintaba las olas, pintaba una yunta de bueyes de su caserío de Arrona.

Ese mar de Balenciaga era el territorio metáfisico de sus nostalgias, el sagrado —ningún— lugar donde los bueyes, que resumían el sentimiento de la tierra que dejaba, ararían eternamente. La piscina del cielo en la que hubiera querido zambullirse el escultor. El mar, continúa diciendo Oteiza, sobre el que trabajaba Balenciaga, era la bóveda del cielo. Así es la pintura prehistórica. Todas las pinturas estan hechas en el cielo, en el firmamento. Esto es lo que la cueva, la pared de piedra de las pinturas rupestres, representan..

Ahora podemos entender mejor ciertos aspectos que el trabajo del artista tiene para Oteiza. Se diría que la creación es protección, paradójicamente ocultamiento. ¿Se esconde Oteiza en sus estatuas vacías en la misma medida en que se muestra? Así podría deducirse de alguna de sus palabras: Odio la obra de arte. El arte no está en las esculturas está en otro sitio. Mis cajas metafísicas son las latas vacías con las que me he alimentado. ¿Y La hoja de papel en blanco, impoluta, sobre la que escribirá sus versos —y que tan pacificadores sentimientos le inspiran—es el muro de piedra donde encuentra protección? La poesía es lo que me cura, lo que me quita la angustia y me devuelve el equilibrio. La poesía es mi marcapasos. Ambos y todos ellos: vacío, silencio... y los elementos que los representan: cromlech, muro de piedra, cuartilla de papel..., encuentran su forma definitiva, su virtualidad curadora del mundo y de la muerte en el gran hueco de la bóveda celestial. El tiempo y los acontecimientos que arrastra, el mundo fenoménico que lo constituye, la precariedad de que estamos revestidos, se difunden en la perspectiva del espacio ilimitado, metafísico vacío, que sólo la obra de arte es capaz de ¿abrir?, ¿instaurar? "Lo que no es eterno no es real", dice Unamuno recordando a Novalis.. No quiero estar, añade Oteiza. Me quiero en el ser. El hombre que no es el ser sino el estar, sale de su estado cuando hace la obra de arte. El ser que et hombre produce es el ser estético, dios. Dios ha creado al hombre para que este lo recree a su imagen y semejanza en la obra de arte. Deseo de Dios, voluntad de permanecer, aspiración de eternidad, es lo que el vacío metafísico de la escultura de Oteiza encarna. Cuenta Herodoto (Hist. 1,131) que "los persas tienen por costumbre, subiendo a lo más alto de las montañas, hacer sacrificios a Zeus y llaman Zeus a toda la bóveda del cielo". De igual manera "urtzi", firmamento, es también la primera voz del euskera para designar a Dios. Aquel "por modo inquebrantable" de "ver a Dios en la Naturaleza y a la Naturaleza en Dios" que constituía la idea base de toda la obra de Goethe alcanza en la bóveda celestial el valor del límite y su mas allá, la cualidad de infinito. La aspiración del alma que se despoja para ascender hasta difundirse en la totalidad suprema del Uno-Bien, revela en la vieja palabra vasca el sentido trascendental de la famosa máxima de Heráclito (826): "el hombre enciende a sí mismo una luz en la noche cuando al morir apaga su vista...". Oteiza, revisando el euskera en sus raíces, nos ofrece una etimología de "izarra" (estrella), proveniente de "itz" (ser) y "ar" (hueco, concavidad del cielo), en la que, a semejanza de Heráclito, justifica la idea de que en la cultura vasca, el hombre se diviniza a si mismo / NO MORIRA / se cambia de sitio, subirá / se cambia al cielo. El escultor hace uso de esa idea en los hermosos versos que dedica a la muerte del centauro Quirón:

oh Aquiles hijo

la muerte es para todos
(Y en su noche
acostado

el caballo ya se ha)

en su tumba láctea encendido

Y de nuevo en ITZIAR elegía y otros poemas

y todas las ventanas encendidas cementerio de estrellas
en el hotel del cielo Dios de fiesta Dios el hotelero

¿Puede la escultura ir más allá, más arriba? ¿Quién puede sorprenderse de que el artista haya proclamado su final?

* * *
No pertenezco a la tribu de la Naturaleza. Soy un ser exiliado a la Naturaleza, arrojado a la Naturaleza.

Todos los anhelos verticales, que desembocan Infaliblemente en la Elevación, en la Altura, son metáforas de una exigencia espiritual a la que nos vemos precipitados por el temor a la muerte. Las dos direcciones que resultan de la enconada relación que tan a menudo sostenemos con la vida exigen el sacrificio de nuestra medida material y orgánica. Del impulso que lleva al artista a recusar la naturaleza nacen su condición de fugitivo y su deseo de Dios. "El heroísmo es una actitud fugitiva", Igual que el miedo (el escultor suele ironizara costa del coraje que se ven obligados a ejercer los que no pueden eludir el peligro La mayoría de los héroes son lisiados. Los grandes hombres nuestros que prefiero, S. Ignacio, López de Aguirre, cojos. ¿Qué grandeza se puede esperar de un hombre que no es cojo? Yo me parto la rodilla para conseguir el valor que necesito,...). Sin embargo "la Idea de huir no es en verdad ni loca ni cobarde, escribe Bataille. Queremos encontrar lo que buscamos, que no es sino Iiberarnos de nosotros mismos". Este es el motivo por el que Oteiza manifiesta una implacable hostilidad contra sí, contra su parte mortal, una aversión extraordinariamente encarnizada por lo que su naturaleza tiene de efímero y el tiempo somete día a día:

abandono hombre
os dejo aquí mi corrupción

y esta vez para siempre

de (para una o desde una Metafísica de la Corrupción)
no así el hombre acostado y sucio

no así el hijo puta el hombre

acostado y sucio

de Dios amanece con tos esta mañana


¿desde cuando sabes que el mamífero hombre

es un mamífero mierda?

de murciélago

Estos versos extraídos de Existe Dios al Noroeste, son testimonios de una queja y un resentimiento que toma forma en los apóstoles sin tripas, desentrañados, vacíos por dentro, de Aránzazu. Esta es la primera gran referencia al impulso autodestructor antes comentado. El viejo conflicto entre materia y espíritu que el escultor experimenta con especial violencia, se salda con el sacrificio de los cuerpos abiertos en canal, cóncavos, por tanto, ofreciéndose a sí mismos en holocausto, abiertos en su propio hueco, en su vacío expectante. (Existen en su obra numerosos precedentes de esta carnicería. Ninguno tan hermoso quizá como la escultura titulada Coreano y especialmente la impresionante Regreso de la muerte. Ambas de 1950).


"Friso de los Apóstoles", Basilica de Arantzazu.

El Friso de los Apóstoles de Aránzazu es la obra culminante de lo que con pretensiónes historiográficas llamaríamos el primer periodo de la obra de Oteiza. Pero, ¿se trata realmente de un Apostolario?, pues, ¿no son catorce las figuras en él representadas? Oteiza se divierte suscitando la perplejidad de quienes le escuchan decir que efectivamente se trata de los Apóstoles y que si son catorce se debe a que no cabían más en el espacio que les estaba reservado. Al justificar de manera tan trivial tamaño atrevimiento el escultor quiere decirnos que aquello que en el friso se evoca propiamente, esto es, la "apostolicidad", la condición espiritual de una comunidad naturalmente religiosa abierta por igual al cielo y la tierra, de ningún modo puede identificarse por el número de sus componentes. Si hubieran cabido más, añade, más hubiera puesto.

Sin embargo, lo que desde un punto de vista estético significa el Apostolario, es una primera conclusión en la génesis del vacio como material de la escultura, es decir, del proceso de sustitución de la materia que se palpa, se pesa, se mide o se modela, de lo que llamamos sustancial por oposición a lo que es inconsistente, por la metafísica condición de un espacio vacío. Esta conclusión en los apóstoles nos habla de vacío y vaciamiento, es decir, del hueco que resulta de quitar, destruir, la parte material de la escultura. Se diría, recordando a Miguel Angel, que el vacío es el resultado de eliminar de un bloque, pongamos que de mármol, la materia que sobra, que para Oteiza es toda la materia. Recuerdo muy bien la escena —que ya he contado en otras ocasiones— en la que Oteiza, a principios de los años sesenta, se esforzaba en explicar a un grupo de artistas jóvenes su idea del espacio vacío: Mirad ese encendedor, decía señalando el primer objeto que encontraba sobre la mesa. ¡Miradlo bien!. Y ahora, añadía mientras lo arrancada de su lugar de un manotazo, mirad el espacio que deja. Cualquiera que fuera la confusión que experimentamos en aquél momento y la fantasía que tuvimos que derrochar en las respuestas, lo que Oteiza


quería mostrarnos, de la forma más simple y directa posible, era la desocupación, el "vaciamiento" del espacio. Era necesario pues para conseguir un espacio vacío, proceder al trabajo de eliminar de él la materia que lo ocupaba. Otra cosa es la precisión, tan querida por el escultor, de si el vacío que constituye la estatua está dentro, encerrado en la materia, como decía Miguel Angel, o detrás ella. Razones hay para aceptar ambas interpretaciones según la obra de que se trate. Dentro estaría en los apóstoles de Aránzazu, evidentemente abiertos de arriba a abajo, como ilustrando la imagen platónica del espíritu liberado de su féretro mortal. En cuantas ocasiones no ha hecho Oteiza uso de imágenes semejantes. El Jonás de "Androcanto y sigo", que ha visto el pez por fuera y por dentro; o la fantástica imagen del Minotauro encerrado en su Laberinto: pero el Laberinto es el Minotauro mismo. Está dentro de él. Escapar del laberinto es salir de la bestia que nos tiene; incluso aquél Savonarola que el escultor exalta cuando dice: el fuego que quema a Savonarola no es el de la hoguera a que le condenan, es su propio fuego. El fuego que lleva dentro.

Pero también el espacio que se halla detrás, oculto tras la materia. Esta interpretación del proceso hay que situarla en los períodos más experimentales del artista, en los más abstractos y acaso posteriores. El problema se considera entonces desapasionadamente. Las Maquetas en vidrio para el estudio de la pared luz, que sirvieron de investigación a Oteiza.en 1956, le hacen concluir que la parte oscura, cerrada del muro es la que está delante y que la parte abierta, la clara, la luminosa, se halla detrás, cubierta por la primera. De tal forma, que hay que horadar, traspasar, ir más allá de la oscuridad inmediata (que sin duda simboliza la materia) para alcanzar la escultura libre o liberada que el artista persigue. "En el Hades no hay luz. Las almas se bestializan, olfatean", anuncia el poeta. Deberemos cruzar la oscuridad para abrir la lejanía. Como en tantas pinturas románticas, lo inmediato permanece entre sombras. "La atmósfera de horror es sólo el primer plano, escribe Jaspers. Lo mas hondo requiere una búsqueda intensa. Para encontrarlo es preciso atravesar este horror". La escultura de Oteiza forma parte de esa búsqueda de lejanía, argonáutico viaje tras una substancia inalcanzable. Para vivir digo la palabra lejos, escribe el escultor en sus versos de amor a Itziar. En la metáfora espacial de lo mas distante, de lo lejano, renace el mito de los orígenes.

Por qué, podría preguntarse, parece que presto una atención especial a este tema de la génesis del vacío. No sólo porque es una cuestión discutida, con dos exégesis enfrentadas, sino porque, a mi juicio, sin resolver adecuadamente el punto, todo el sistema que con el trascurso del tiempo ha terminado formando la obra y la teoría de Oteiza, en la que se pone de manifiesto la intrincada red de pasiones que le animan, sería difícil de entender. La pregunta que resume la disputa sobre la genealogía de ese vacío podría formularse así: ¿la estatua vacía es el resultado de un proceso de desocupación material, de vaciamiento corporal, es decir, una forma de sacrificio, como he indicado mas arriba al referirme al periodo expresivo del artista, o mas bien, como han asegurado tantos, incluído el propio escultor en los últimos años, han sido hechas "con" el vacío mismo, ese material metafísico que sólo Oteiza ha sido capaz de revelarnos? Dicho de otra manera, ¿existe o no continuidad entre la larga serie experimental de los cubos o cuboides Malevich y las cajas metafísicas; Maquetas en vidrio para el estudio da la pared luz.entre sus esculturas "llenas", de piedra, alabastro o madera y las esculturas vacias que se conservan en sus metálicas cajas abiertas? Yo lo afirmo sin dudarlo, existe. Primero, por las mismas palabras del artista que en 1964 termina de explicar el funcionamiento de la Ley de los Cambios hablando de una técnica de ocupacional del espacio, eliminativa; segundo, por cuanto puede deducirse de su obra anterior antes comentada; y después, por el significativo valor que alcanzan al respecto las dos Caja de Piedra del año 1958, pintadas en blanco y negro, punto de inflexión de todo proceso, en las que el escultor parece advertirnos expresamente de la inmediata llegada de las cajas metálicas y su vacío espacio interior. Pero bien sé lo sospechosas que, en asuntos como éste, resultan las "pruebas materiales". Sin embargo, del "sentido" que se infiere o, más bien se colige, del conjunto de su "hacer y decir" atormentado en los años cincuenta y sesenta no puede desprenderse otra conclusión. ¿Qué es si no la Ley de los Cambios sino el modelo geométrico que, al tiempo que sirve para definir un esquema general para la evolución del arte a lo largo de la historia, describe también la evolución de la obra de Oteiza como un proceso dialéctico sin solución de continuidad? Y ¿qué significa el cero negativo en el que concluye la mencionada ley, sino la plenitud cerrada de esa historia experimental del arte que termina donde comenzó: en el instante mismo en que el vacío abierto en la piedra de la escultura en homenaje al padre Donosti, se encuentra en Agiña con el pequeño cromlech neolítico? Al llegar a este "término originario", el círculo se cierra, es decir, la escultura finaliza, y el hombre convertido ya para siempre en escultor debe entregar sus manos ¿Qué sentido tendría, con qué objeto, en nombre de qué interés, podría el artista, una vez alcanzado la consecuencia final de su trabajo, continuar haciendo esculturas, a menos que se traicionase a sí mismo hasta el punto de trasladarse al campo de la expresión personal para competir, como tantos, por Cajas de Piedra.los favores del mercado? Lo que Oteiza nos dice, aunque en ocasiones se contradiga, es que en aquel punto crítico del espacio liberado por obra de la escultura, el artista no es ya su dueño, no puede sencillamente continuar en su ejercicio y mucho menos con el mismo vacío (como si el hallazgo pudiera reducirse a una mera condición instrumental) que trasfiere la estatua a un territorio indisponible.


"Fusión con tres sólidos abiertos" 1957, marmol, 22 x 31,7 x 28 cm.

***
Oh Dios siquiera esta tarde que Tú existieras
ya para siempre es suficiente un día

La pasión de Oteiza es la pasión. El entusiasmo, el fervor, la exaltación, son un una acicate para la imaginación. Una emoción, sin duda, que el artista prodiga con generosidad y astucia al mismo tiempo. Un método, por tanto, una estrategia que no se reconoce como tal, una simulación incluso –si tal término no llevara aparejada la noción de falsedad– en la que pueden florecer las asociaciones más impensables. Las ideas aparecen entonces adoptando sorprendentes, insólitos, sentidos. Todo produce la sensación de que el artista vive sobre un territorio misterioso y riquísimo, "el caos originario" de los románticos, en el que se ocultan tesoros y peligros incalculables (como en las antiguas historias aventureras) a cuya aletheia merece la pena permanecer atentos. En ese momento cualquier situación aparece revestida de una intensidad dramática. El grito, la oración, el llanto más desesperado son señales e instrumentos de tan vertiginoso estado, signos aparentes del pathos que sólo la plenitud de la conciencia proporciona: "el artista, dice Schopenhauer, es él mismo la voluntad que se objetiva y persiste en un continuo sufrimiento".

Ese entusiasmo y ese dolor sólo pueden permanecer confinados en sí mismos. Ningún otro lugar que nos sea el de la propia –y sin embargo extraña– conciencia, puede servir al propósito de la espera y el sufrimiento. A la imponente sombra de un Yo acrecido de esta manera, todo lo exterior, lo otro, palidece. El "yo puro", sin embargo, es algo más que la conciencia, distinto del ser que piensa y conspira y que soy dentro de mi de forma cambiante. Permanece (amanece sin pausa y sin término, tal vez) tras ella y frente a ella, impertérrito (nada pide, ni juzga, ni reclama), en lo más hondo, impasible como el señor que descansa en la sima insondable de una gravedad absoluta. Esa es –imposible de describir– la profundidad que Oteiza siente resonar en el fondo de sí mismo, en el abismo de un ensimismamiento que le resulta imposible eludir. ¿Qué es esa ausencia en.mí, se pregunta, que no puedo concebir, ni conmover: a la que ni pertenezco, ni me pertenece, pero que me habita y me detenta? ¿Quién debe responder por ese estigma indeble, indefinido hueco, vacío sin fronteras, que me aterroriza?


"Atauts", 1994, hierro. Tolosa.

Oteiza quiere conquistar, apoderarse, de ese vacío, convertirlo en su aliado. Consciente de su debilidad pretende seducirlo, como Ulises por medio de la astucia, es decir estéticamente (se nos presenta como Prometeo pero es Odiseo, infatigable en la búsqueda de la patria). A tal objeto lo reclama, lo requiere para su protección, se identifica con él, lo convierte en su ángel: Yo tengo un ángel que soy yo y que siempre está escondido cerca de mi, conmigo". Pero el ángel no le responde, no se conmueve. La escultura, la poesía (el trabajo definitivo de su vida) es la solicitud desesperada de una respuesta que se conoce imposible. Sus protestas, sus imprecaciones, sus amenazas, sus gestos bárbaros, sus actitudes, por apocalípticas que sean, contienen toda la ambigüedad de un clamor estético, nos toman por testigos de una conciencia que con su influjo transforma el "vacío impenetrable", la insalvable distancia que media entre el deseo de ser y el conocimiento de la irremediable precariedad de las cosas, es decir, convierte la tragedia misma en condición indispensable de la plenitud y el placer más profundo que la vida puede darnos. Plutarco cuenta que "entre los egipcios era costumbre sentar un muerto entre los comensales de un banquete. Con su presencia la gente se animaba a disfrutar de la comida y a alegrarse fraternalmente por estar vivos". Es así, con un sentido burlón y paradójico (aquí aparece de nuevo el perfil de lo trágico) como debe interpretarse la ficción, las contradiciones, la cólera y la desmesura constante, que suele acompañar a su presencia pública y que tan a menudo nos confunden. "Lo trágico, escribe Kierkegaard, es medida y no sale de lo finito, reposa sobre el equilibrio de culpa y de inocencia, debido al cual la colisión más incurable aparece como recompensa de sí misma y, consiguientemente, termina difundiendo un sentido de paz, de gran dulzura, de misericordia". Finalmente, la respuesta estética no puede ocultar su condición evasiva y medrosa.

El esquema barroco refleja, en la inmediatez de lo celestial y lo terrenal y en su remisión recíproca, el modelo de una conciencia íntegra y reconciliada. En su disposición, cada nivel parece aguardar con recogimiento la inmediata plenitud, la anunciada unidad entre lo visible y lo invisible, lo grave y lo leve, lo oscuro y lo luminoso, lo material y lo espiritual. Llamamos religiosidad a la conciencia que resulta de situar los valores humanos en este esquema. Cuando la conciencia así formada se encuentra con la fe, la religión aparece como cifra de la verdad entera, luminoso.misterio salvador. Por el contrario, sin ella, el alma, al borde del abismo trascendental, pero sin el impulso necesario para remontarse, cae en la desesperación. Ya lo advirtió Kierkegaard: "O lo trágico o la religión".


"Arri ernai zaitzalea", 1974, Piedra gris de Markina. Arrasate.


Hasta el origen te he buscado, se queja Oteiza. Y aclara que Existe Dios al Noroeste, pero sólo allí, en el lugar del deseo y la ausencia. E inmediatamente añade:

ahora que no tengo fe y que fuera de Ti

no tengo nada más ni quiero

oh Dios mío

soy mil veces más fuerte

lujoso y soberbio que el Titanic

Y sin Ti me hundiré lo mismo y más profundo

Quedaría la alternativa de trasferir al campo de la ética, de racionalizar, por tanto, el impulso que no encuentra satisfacción en tan fervoroso recorrido vertical. Oteiza demuestra saberlo al proclamar de manera insistente el carácter instrumental de la escultura. Su función, dice, debe limitarse a la formación del hombre, que constituye propiamente la obra de arte (si tal nombre se mereciera a sí mismo) dispuesto para la sociedad en la que vive. Un artista que no tenga un pueblo al que amar y servir, un artista huérfano de pueblo, será indefectiblemente un artista incompleto, un artista mutilado, un artista frustrado. Permanecer para siempre en el trabajo artístico es la confesión (culpable en todo caso) de una impotencia que sustituye a la actividad por la mirada (el pensamiento y la imaginación), la proximidad por la lejanía, la presencia dolorosa y comprometedora de los hombres por la ausencia magnífica y a la postre inofensiva de los dioses. Yo soy un hombre de acción. Se escribe cuando se fracasa.... Yo escribo porque he fracasado. (En los tiempos de tribulación que corren las palabras de Oteiza nos recuerdan que el modelo de hombre, el ciudadano en estado puro, es precisamente el político).

El escultor refugiado en sí mismo, en su fracaso, siente el mundo como una ruina inevitable y absurda contra la que se estrellan y aniquilan inútilmente los empeños más nobles y esforzados. ¿A quién hacer responsable de tal devastación?: oh Dios siquiera esta tarde que Tú existieras. La conciencia, sin alivios taumatúrgicos, en tanto que nos niega cualquier esperanza de reconciliación, acrecienta el sentimiento de tragedia que nos envuelve. Una tragedia que el arte magnifica vanamente.

Pedro Manterola, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao
Euskonews & Media 89.zbk (2000 / 7-28 / 9-8)

El diario

Diario Kafka / Almacén

Oteiza, cifras y crisis

Paula Corroto/DK

04/02/2013 - 13:21h 

Cuando están a punto de cumplirse diez años de la muerte del escultor Jorge de Oteiza, la galería Michel Mejuto de Bilbao ha anunciado la venta de 17 esculturas y un dibujo del artista vasco. Así lo anunciaba hace unos días la Agencia EFE, cuya información recalcaba que era la mayor comercialización en varias décadas de la obra de Oteiza. Los precios oscilan entre los 9.000 y los 120.000 euros. "Creo que las crisis económicas corrigen un poco los precios a la baja, aunque el arte no ha tenido el desplome de otros activos económicos como el inmobiliario o las finanzas", afirmó al respecto Michel Mejuto, responsable de la galería.

No obstante, el próximo 13 de febrero se inaugurará la Feria de Arte Contemporáneo ARCO en Madrid y será el momento de ver cómo responde el mercado del arte a los aumentos del IVA y la volatilización de las ayudas en los últimos meses. De hecho, ya hay algunas consecuencias, como anunciaba recientemente el diario Abc, que sostenía que han desaparecido los 2.500 euros de subvención para cada galería que acudía a la cita y que las ventas ya no tenían nada que ver con los beneficios de hasta un 20% que suponía ARCO para muchos de estos centros artísticos. A eso se suma que la feria parte con un millón menos en su presupuesto (de cuatro pasa a tener tres). No olvidemos tampoco otro asunto que ya coleó a finales de 2012 como es la negativa a participar en el evento de ocho galerías catalanas. Su argumento no se basaba en cuestiones de nacionalismo, tan en boga hoy, sino en el incremento del IVA.

Y más datos sobre el mercado del arte. A finales de la pasada semana Sotheby’s anunció que no se había vendido el cuadro de Francisco de Goya dedicado a su nieto Retrato de Mariano Goya. El valor de la obra estaba estimado entre los 6 y los 8 millones de euros, pero la puja más alta alcanzó los 5,5 millones. No es la primera vez que un Goya se queda sin comprador, afirmaron desde la casa de subastas, pero el dato no apuntala demasiado el optimismo en el sector del arte. 
deia

DÉCIMO ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE OTEIZA

El vacío de Oteiza se exhibe en Bilbao

La galería Michel Mejuto acoge la mayor exposición del artista celebrada en la villa, con obras a la venta

ARAITZ GARMENDIA - Sábado, 2 de Febrero de 2013 - Actualizado a las 05:36h
La exposición sobre Jorge Oteiza estará abierta al público hasta el 27 de marzo. (Jose Mari Martínez)

Fue el padre del silencio y el vacío. Un constructor de huecos y un autor que revolucionó el escenario del arte de los años cincuenta del pasado siglo a través de una obra de carácter expresionista y primitivo. Pero ante todo, Oteiza es una pieza fundamental en la historia del arte vasco.

Ahora, cuando se cumplen diez años del fallecimiento del carismático artista de Orio, la galería Michel Mejuto reúne la mayor muestra de Jorge Oteiza que ha conocido la capital vizcaina. Sus puertas permanecerán abiertas para acercarse a la figura del escultor hasta el 27 de marzo. Así, las níveas paredes de la sala situada en la calle Ajuriaguerra acogen veinte piezas, entre las que se encuentran 18 esculturas y dos dibujos del artista puente entre el periodo de las vanguardias y la generación de la posguerra. Asimismo, todas las obras expuestas excepto dos, un dibujo y una escultura, están puestas a la venta con un rango de precios que oscila entre los 9.000 y los 120.000 euros aproximadamente. Las obras de coste más elevado son sus Cajas metafísicas.

"Las piezas provienen del mercado del arte y muchas de ellas han sido cedidas por esos coleccionistas y salen a la venta ahora", apuntó el marchante e historiador de arte Michel Mejuto, que inauguró su galería en 1984. Explicó ayer, día de la inauguración de la muestra, que este proyecto es un homenaje a Oteiza y que todas las obras están catalogadas por la fundación que lleva su nombre, concretamente por el artista Txomin Badiola, el mayor estudioso de Oteiza. De hecho, todas las piezas expuestas en la galería Michel Mejuto estarán presentes en el catálogo que Badiola y la Fundación del creador donostiarra están elaborando, y cuya publicación tendrá lugar dentro de unos meses. En ella se recogerá toda su obra y la información de cada pieza.

Mejuto aseguró que de la mano de esta exhibición es posible "hacer un recorrido por la obra del artista, desde sus primeros años situados en la década de los cincuenta, hasta los años 90, es decir, que hablamos de cuarenta años de trabajo". La muestra revela a su vez los materiales propios de la escultura vasca, como son el bronce, el acero o el alabastro. En la exposición de este artista que se enfrentó a uno de los problemas de la escultura, como es el aire, se pueden encontrar dos figuras que representan al bertsolari Xenpelar, realizadas en los años 70 y que constituyen a su vez un proyecto para una obra monumental que no se llegó a realizar. También exhibe un estudio para otra obra emblemática del arte vasco, como es el friso de los apóstoles del santuario de Aránzazu de Oñati y una cabeza de este apostolario, entre otras. En cuanto a la situación de crisis económica que empaña el momento actual y la decisión de poner a la venta estas composiciones, Michel Mejuto expuso que en los momentos de auge económico es cuando más arte se vende pero también a precios más elevados. "Ojalá la venta sea rápida pero no lo sé, es una incógnita", explicó, a la par que apuntó que "el arte no ha tenido un desplome tan importante como otros activos económicos como el inmobiliario o las finanzas". Por ello, para el galerista, la crisis no influye de manera tan profunda en las obras de primera calidad, y aseguró que este es un buen momento para adquirir arte, ya que ahora "se conjuga una oferta de primera calidad, con unos precios más ajustados". Asimismo, Mejuto señaló que "la obra de Jorge Oteiza suele salir a la venta con relativa frecuencia, pero suelen ser bronces de pequeñas tiradas", mientras que las obras "singulares", como las que contiene esta muestra, se ponen a la venta en pocas ocasiones.

UN PRECURSOR "Oteiza es curioso porque nunca abandonó la figuración por la extracción, sino que eran dos líneas de trabajo paralelas", explicó Mejuto. Richard Serra fue un gran admirador del artista donostiarra e incluso, según el marchante, "intenta buscar un cierto parecido en sus obras, como en la instalación situada en el Guggenheim, utilizando esa sensación de vacío y de distorsión espacial", ya que para Serra, el escultor de Orio fue un artista que se adelantó a su generación.

viernes, 1 de febrero de 2013


Noticias de Navarra
Oteiza desde el cuerpo
EL PROYECTO GANADOR DE LA BECA MUSEO OTEIZA-KUTXA SE ACERCA AL ARTISTA A PARTIR DE LA DANZA
PAMPLONA, PAULA ECHEVERRÍA - Viernes, 1 de Febrero de 2013 - Actualizado a las 05:06h
EL arte sirve para transformar la sociedad; ese es su verdadero sentido. Esta creencia que Jorge Oteiza defendió y transmitió en vida ha llegado a nuevas generaciones creadoras que, en estos momentos convulsos y confusos, aportan con sus obras esa luz necesaria que la mayoría de las veces procede de la auténtica Cultura, así, con mayúsculas.

Un cuerpo puede transformar con su movimiento el espacio que habita. Puede llenar de sentido esos vacíos que están ahí por algo, para algo, y en los cuales el polifacético oriotarra se refugiaba de niño, y a los que volvía una y otra vez de adulto, para recordarnos que lo esencial de este mundo permanece. Eso sí, en la medida en que nosotros queramos que permanezca. Oihane Andueza (Pamplona, 1981), ganadora de la beca educativa Museo Oteiza-Kutxa en su tercera edición correspondiente a 2011-2012, parte de esta realidad que tanto movió y conmovió en su día al Jorge Oteiza escultor, pensador, filósofo, poeta y ciudadano, para acercarse a su figura y a su legado vivo y generador de cambios. Maestra de formación, Andueza plantea en su proyecto Oteiza desde el cuerpo/Oteiza gorputzetik, que se presentó ayer al público en el Museo de Alzuza, un diálogo con el creador vasco desde la expresión corporal y, también, desde la poesía de Oteiza. La obra audiovisual, grabada en los distintos espacios del Museo, ha sido desarrollada a lo largo de 2012 en un proceso de investigación que ha abarcado trabajos vivenciales, plásticos y de verbalización con ocho miembros del grupo El Mundo Taconera, vinculado a la Fundación Atena e integrado por intérpretes con discapacidad intelectual. Dirigidos por Oihane Andueza, los participantes en el proyecto pedagógico han integrado desde sus propias experiencias los conceptos de masa, desocupación, espacio, movimiento y vacío en confrontación y diálogo con las esculturas de Oteiza y con su Museo. "He querido hacer una relación escultura/cuerpo partiendo de esos conceptos tan presentes en el arte de Oteiza y que aquí se llevan al lenguaje corporal", dice Andueza.

El trabajo previo a la grabación del audiovisual se desarrolló en seis sesiones que posibilitaron la "integración creadora" de esos conceptos oteizianos y, al mismo tiempo, el refuerzo de condiciones humanas como la confianza, la desinhibición y el movimiento. Los participantes interactuaron con materiales propios de la creación plástica, como la arcilla, el papel o diversas técnicas de pintura, para vivir desde sus propias experiencias, "transitando de polo a polo, esa dualidad de lo físico y lo metafísico, de la luz y la oscuridad, del cielo y la tierra, y esa parte espiritual de la masa y el vacío", cuenta la directora del proyecto pedagógico, que parte de la creencia de Oteiza de que el arte sirve para transformar al hombre, y por tanto a la sociedad. "Me siento muy conectada con esa idea, creo que ese es el auténtico sentido del arte", defiende Oihane Andueza, diplomada en Magisterio por la UPNA y vinculada a la danza contemporánea y, sobre todo actualmente, a la arteterapia.

De ahí Oteiza desde el cuerpo. Un proyecto pedagógico que, asegura su artífice, "ha motivado desde el principio" a los participantes de Fundación Atena. "Las pautas eran muy abiertas, y eso ha dado lugar a una experimentación propia. Se les ha abierto una nueva puerta en relación al lenguaje corporal, y han disfrutado muchísimo", asegura Andueza, para quien por ello mismo "lo más importante de una obra como ésta es el proceso". Su valoración personal de la experiencia no puede ser mejor: "Me siento una afortunada por haber podido acercarme de esta manera al arte y al pensamiento de Oteiza, desde un terreno en el que por mí sola no habría podido entrar. Siento que me ha tocado la lotería".
El Pais

La obra de Jorge Oteiza busca compradores en Bilbao

La galería Michel Mejuto reúne una colección de 18 esculturas y dos dibujos que abarcan desde la figuración a las 'cajas vacías'

EVA LARRAURI Bilbao 1 FEB 2013 - 14:19 CET2

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Jorge Oteiza (Orio, 1908-San Sebastián, 2003) mantuvo una difícil relación con los canales de difusión del arte. Su explosiva personalidad no casaba bien con los mecanismos establecidos para la comercialización de la obra ni con las relaciones que facilitan su presencia en el mercado. Diez años después de su fallecimiento, la galería Michel Mejuto, en Bilbao, presenta una colección de 20 piezas (18 esculturas y dos dibujos) de Oteiza, a la búsqueda de compradores dispuestos a pagar entre 9.000 y 120.000 euros por pieza.

Desde la calle se ven en el escaparate de la galería varias cajas vacias, las esculturas formadas por planos de metal con las que culminó a mediados del siglo XX su experimentación de la escultura abstracta que avanzaba hacia el vacío. Con las cajas vacías Oteiza decidió abandonar la escultura, un suicidio artístico que no cumplió ya que en la exposición se encuentran esculturas que realizó 40 años más  tarde. "Se ve que Oteiza siguió trabajando", destaca Mejuto.

El arco cronológico de las obras arranca con las esculturas de principios de los años 50, cuando Oteiza todavía se movía en los límites de la figuración. Son piezas de pequeño formato, varias de ellas estudios realizados para obras de mayor envergadura, como un Homenaje a Senpelar, una escultura pública que no llegó a realizarse.

El precio de las piezas oscila entre los 9.000 y los 120.000 euros

El bronce, la piedra y el alabastro están presentes en la colección, que desde la figuración avanza hacia los poliedros y las esferas de la etapa abstracta de Oteiza. En el camino se encuentran varias piezas relacionadas con una obra emblemática del autor: el friso de los apóstoles de la basílica de Aránzazu, en Oñate. Desde estudios de la cabeza de algunas de las figuras que componen el conjunto hasta bocetos completos en bronce muestran el trabajo realizado para Aránzazu, una obra de los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga, en la que colaboraron, además de Oteiza, los artistas Eduardo Chillida, Lucio Muñoz y Néstor Basterretxea.

Oteiza fue seleccionado para crear el friso de la basílica por los arquitectos, pero no aceptó la designación directa y acabó siendo elegido en un concurso. Los estudios del conjunto escultórico muestran las variaciones que el artista fue introduciendo y la evolución de un trabajo que acabó esculpido en piedra sobre las puertas del acceso principal a la basílica.

Mejuto explica que las esculturas de bronce de Oteiza salen a la venta periódicamente, pero que son más escasas en el mercado las obras en las que el artista empleó otro tipo de materiales. Solo dos de las piezas expuestas en la galería no están a la venta. Se trata de una de las esferas, propiedad de un coleccionista de Bilbao que adquirió la pieza años atrás en la misma galería, y un dibujo que el artista regaló a un amigo, y ahora lo ha cedido para completar la exposición. Todas las obras de la exposición están catalogadas por la Fundacion Jorge Oteiza, dentro del proyecto que realiza el artista Txomin Badiola y que será publicado en los próximos meses.